En diciembre de 1945, cerca de la ciudad de Nag Hammadi, en el Alto Egipto, un campesino llamado Muhammad Ali al-Samman cavaba junto a un acantilado en busca de sabakh, una tierra rica en nitratos que se usaba como fertilizante. De pronto, su azada golpeó algo duro: una gran jarra de barro sellada. Dudó antes de romperla, temiendo que dentro hubiera un genio maligno. Pero la curiosidad, y la esperanza de encontrar oro, pudieron más. Dentro no había oro, sino trece libros encuadernados en cuero, escritos en copto, la última forma de la lengua egipcia. Eran códices del siglo IV, que contenían más de cincuenta textos religiosos, la mayoría desconocidos hasta entonces. Entre ellos, en el segundo códice, había un texto que comenzaba con estas palabras: «Estas son las palabras secretas que pronunció Jesús el Viviente y que escribió Dídimo Judas Tomás». Era el Evangelio de Tomás, y su descubrimiento cambiaría para siempre el estudio de los orígenes del cristianismo.
Imagina la noche en que Muhammad Ali volvió a su casa con los libros. No sabía lo que tenía entre las manos. Según contó años después, su madre usó algunas páginas sueltas para encender el fuego del horno. Los códices pasaron después por las manos de comerciantes de antigüedades, de un sacerdote copto, de un coleccionista, hasta que el gobierno egipcio consiguió reunir la mayor parte en el Museo Copto de El Cairo. Pasaron años de negociaciones, de disputas, de estudios. Y finalmente, a partir de 1956, se fueron publicando fotografías y traducciones de los textos. El mundo pudo leer por primera vez completo un evangelio del que solo se conocía el nombre, mencionado por algunos Padres de la Iglesia como un texto herético.
Y aquí está la sorpresa más grande de este evangelio. No cuenta la vida de Jesús. No hay en él nacimiento, ni milagros, ni pasión, ni resurrección. Es solo una colección de ciento catorce dichos, la mayoría introducidos con la fórmula «Jesús dijo». Y lo más asombroso es que muchos de esos dichos ya eran conocidos: aparecen, con variaciones, en Mateo, Marcos y Lucas. La parábola del sembrador, la del grano de mostaza, la de la perla, la del tesoro escondido, la lámpara que no se esconde, el ciego que guía a otro ciego. Pero junto a ellos hay otros dichos completamente nuevos, misteriosos, con un tono místico que no se encuentra en los evangelios canónicos: «Parte un leño, y yo estoy allí; levanta una piedra, y allí me encontrarás» (dicho 77). Desde entonces, los especialistas debaten intensamente qué relación tiene este texto con el Jesús histórico.
Respuesta breve
El Evangelio de Tomás es una colección de 114 dichos atribuidos a Jesús, sin relato de su vida, encontrada completa en copto en la biblioteca de Nag Hammadi (Egipto) en 1945, y conocida también por tres fragmentos griegos de Oxirrinco de hacia el año 200. Se atribuye a «Dídimo Judas Tomás», y probablemente procede de comunidades cristianas de Siria. Aproximadamente la mitad de sus dichos tienen paralelos en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas; otros son únicos y tienen un tono místico. La mayoría de los especialistas lo fecha a mediados del siglo II y piensa que depende en parte de los evangelios canónicos, aunque una minoría defiende que contiene tradiciones independientes del siglo I. Refleja una espiritualidad centrada en el conocimiento interior y con algunos rasgos ascéticos y cercanos al gnosticismo.
Los manuscritos del Evangelio de Tomás
El Evangelio de Tomás se conserva en dos lenguas. La versión completa es la copta del códice II de Nag Hammadi, copiada hacia mediados del siglo IV, aunque traducida de un original griego más antiguo. Y existen tres fragmentos en griego, encontrados mucho antes, a finales del siglo XIX y principios del XX, en Oxirrinco, una antigua ciudad egipcia cuyos vertederos de papiros han proporcionado miles de textos antiguos. Los arqueólogos británicos Bernard Grenfell y Arthur Hunt publicaron en 1897 el primero de ellos, conocido como Papiro Oxirrinco 1, y en 1904 los papiros 654 y 655. Contenían «dichos de Jesús» desconocidos, pero nadie sabía de qué obra procedían. Solo cuando se descubrió el texto copto de Nag Hammadi se comprendió que eran fragmentos del Evangelio de Tomás.
Los fragmentos griegos se fechan hacia el año 200, lo que demuestra que el texto ya existía en esa época. Algunos Padres de la Iglesia del siglo III, como Hipólito de Roma y Orígenes, mencionan un Evangelio de Tomás, aunque no siempre está claro si se refieren a este texto o al Evangelio de la infancia de Tomás, que es una obra completamente distinta.
¿Quién era Tomás?
El evangelio se atribuye a «Dídimo Judas Tomás». Los dos nombres, Dídimo en griego y Tomás en arameo, significan lo mismo: «gemelo». Tomás era uno de los doce apóstoles, al que el Evangelio de Juan llama «Tomás, llamado Dídimo» (Juan 11:16; 20:24), conocido por haber dudado de la resurrección hasta tocar las heridas de Jesús. En la tradición de las iglesias de Siria, especialmente en la ciudad de Edesa, Tomás era una figura muy venerada, identificado a veces con Judas, uno de los hermanos de Jesús, y considerado el apóstol de Oriente. Según la tradición, llevó el mensaje de Jesús hasta la India, donde las comunidades de cristianos de santo Tomás de Kerala lo consideran su fundador.
Por eso la mayoría de los estudiosos piensa que el Evangelio de Tomás procede de comunidades cristianas de Siria, donde se veneraba especialmente a este apóstol. Pero la atribución a Tomás no significa que él lo escribiera: en la Antigüedad era frecuente atribuir textos a grandes figuras para darles autoridad.
El debate sobre la fecha
La cuestión más debatida sobre el Evangelio de Tomás es su fecha y su relación con los evangelios canónicos. Hay básicamente dos posturas entre los especialistas. La mayoritaria sostiene que el texto se compuso a mediados del siglo II, después de los evangelios canónicos, y que en parte depende de ellos. Los defensores de esta postura, como Simon Gathercole o Mark Goodacre, señalan que algunos dichos de Tomás reproducen detalles redaccionales característicos de Mateo o de Lucas, es decir, frases que esos evangelistas añadieron o modificaron, lo que indicaría que el autor de Tomás conocía esos evangelios.
La postura minoritaria, defendida por estudiosos como Stephen Patterson, John Dominic Crossan o algunos miembros del llamado Seminario de Jesús, sostiene que al menos una parte del Evangelio de Tomás contiene tradiciones independientes y muy antiguas, quizá del siglo I, anteriores a los evangelios canónicos. Para ellos, algunos dichos de Tomás conservarían una forma más primitiva que la de los evangelios. La especialista April DeConick ha propuesto una posición intermedia: el texto sería un «corpus en crecimiento», con un núcleo antiguo al que se fueron añadiendo dichos con el tiempo.
No hay consenso. Lo que sí está claro es que, en su forma actual, el Evangelio de Tomás refleja ideas propias del siglo II, y que debe usarse con mucha cautela como fuente para el Jesús histórico.
Dichos con paralelos en los evangelios
Aproximadamente la mitad de los dichos del Evangelio de Tomás tienen paralelos en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas. Algunos ejemplos:
- El grano de mostaza (dicho 20): «El reino de los cielos es como un grano de mostaza. Es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando cae en tierra labrada, produce una gran planta y se convierte en refugio para las aves del cielo». Lo exploramos en el grano de mostaza.
- El sembrador (dicho 9): una versión breve de la parábola del sembrador.
- La perla (dicho 76) y el tesoro escondido (dicho 109), que exploramos en la perla y el tesoro escondido.
- La lámpara (dicho 33): «Nadie enciende una lámpara y la pone bajo un celemín».
- Bienaventurados los pobres (dicho 54): «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de los cielos».
- El ciego que guía a un ciego (dicho 34).
- La paja y la viga (dicho 26).
- El profeta en su tierra (dicho 31): «Ningún profeta es aceptado en su pueblo».
Es interesante comparar las versiones. A veces la de Tomás es más breve y sencilla; otras, añade matices propios. Estos paralelos muestran que el autor de Tomás conocía la tradición de las palabras de Jesús, ya fuera a través de los evangelios escritos o de la tradición oral.
El Reino dentro y fuera
Uno de los dichos más famosos del Evangelio de Tomás es el tercero: «Si quienes os guían os dicen: Mirad, el reino está en el cielo, entonces las aves del cielo os precederán. Si os dicen: Está en el mar, entonces los peces os precederán. Más bien, el reino está dentro de vosotros y fuera de vosotros. Cuando os conozcáis a vosotros mismos, entonces seréis conocidos, y comprenderéis que sois hijos del Padre viviente».
Este dicho tiene un paralelo en Lucas: «El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros» (Lucas 17:20-21). Pero Tomás añade algo característico de su espiritualidad: la importancia del autoconocimiento. «Cuando os conozcáis a vosotros mismos». Esta idea, el conocimiento de sí como camino hacia Dios, es central en Tomás y lo acerca a corrientes gnósticas y filosóficas de la época. Lo exploramos en «el Reino de Dios está dentro de vosotros».
Dichos únicos y misteriosos
Lo que más fascina del Evangelio de Tomás son los dichos que no aparecen en ningún otro lugar. Algunos de los más conocidos:
- Dicho 2: «El que busca no deje de buscar hasta que encuentre. Cuando encuentre, se turbará. Cuando se turbe, se asombrará, y reinará sobre todo».
- Dicho 5: «Conoce lo que tienes delante de tu rostro, y lo que te está oculto se te revelará».
- Dicho 42: «Sed transeúntes».
- Dicho 50: «Si os preguntan: ¿De dónde venís?, decidles: Hemos venido de la luz».
- Dicho 77: «Yo soy la luz que está sobre todos. Yo soy el todo… Parte un leño, y yo estoy allí; levanta una piedra, y allí me encontrarás».
- Dicho 82: «El que está cerca de mí está cerca del fuego; el que está lejos de mí está lejos del reino». Este dicho era conocido también por el teólogo Orígenes en el siglo III.
- Dicho 97: la parábola de una mujer que lleva una jarra llena de harina; en el camino, el asa se rompe y la harina se va derramando sin que ella se dé cuenta, y cuando llega a casa, la jarra está vacía.
- Dicho 113: «El reino del Padre está extendido sobre la tierra, y los hombres no lo ven».
Algunos de estos dichos tienen una gran belleza y profundidad espiritual, y han inspirado a muchos lectores. La imagen de la luz presente en todas las cosas se relaciona con el simbolismo de la luz.
¿Es un texto gnóstico?
El Evangelio de Tomás se encontró en Nag Hammadi junto a muchos textos gnósticos, y durante tiempo se consideró uno de ellos. El gnosticismo era un conjunto de corrientes religiosas de los siglos II y III que enseñaban que la salvación se obtiene por un conocimiento secreto, la gnosis; que el mundo material es malo o defectuoso, creado por un dios inferior, el demiurgo; y que el alma humana es una chispa divina atrapada en la materia que debe volver a su origen.
Hoy muchos especialistas matizan esta clasificación. El Evangelio de Tomás no contiene el sistema mitológico complejo de otros textos gnósticos, como el demiurgo o los eones. Pero sí comparte algunas ideas con el gnosticismo: la importancia del conocimiento interior, el origen del ser humano en la luz, una cierta desconfianza hacia el cuerpo y el mundo. Algunos lo sitúan más bien en una corriente ascética siria, el encratismo, que rechazaba el matrimonio y valoraba la vida solitaria. El dicho 114, uno de los más controvertidos, en el que Pedro pide que María se aleje porque «las mujeres no son dignas de la vida», y Jesús responde que la hará «varón» para que entre en el reino, refleja ideas de la época sobre la superación de la diferencia sexual que hoy resultan difíciles de interpretar. Lo exploramos en María Magdalena, mito y realidad, y el gnosticismo en el Evangelio de Judas y los gnósticos.
Tomás y el judaísmo de Jesús
Hay un aspecto del Evangelio de Tomás que resulta muy revelador cuando se compara con el Jesús judío de los evangelios. Varios dichos de Tomás rechazan prácticas religiosas judías que Yeshúa vivía. En el dicho 6, los discípulos le preguntan si deben ayunar, orar y dar limosna, y Jesús responde de forma evasiva. En el dicho 14 dice: «Si ayunáis, os acarrearéis pecado; si oráis, seréis condenados; si dais limosna, haréis daño a vuestro espíritu». Y en el dicho 53, cuando le preguntan si la circuncisión es útil, responde que si lo fuera, los niños nacerían circuncidados.
Estos dichos contrastan fuertemente con el Jesús de los evangelios canónicos, que daba por supuesto que sus discípulos ayunarían, orarían y darían limosna («cuando ayunéis», «cuando oréis», «cuando des limosna», Mateo 6), que enseñó el Padre Nuestro y que vivía como judío observante. Para muchos historiadores, este contraste es una de las razones para pensar que el Evangelio de Tomás refleja una etapa posterior, en la que algunas comunidades cristianas se habían separado del judaísmo y reinterpretaban las palabras de Jesús desde otras categorías. El Jesús que ora, ayuna y da limosna en secreto se explora en orar en lo secreto según Mateo 6 y en el ayuno de Jesús en el desierto.
El valor del Evangelio de Tomás
Aunque la mayoría de los especialistas no lo considere una fuente directa sobre el Jesús histórico, el Evangelio de Tomás es un documento de enorme valor. Nos muestra cómo algunas comunidades cristianas del siglo II recordaban y meditaban las palabras de Jesús. Nos confirma que existían colecciones de dichos de Jesús, algo que los estudiosos ya habían propuesto al hablar de la hipotética «fuente Q», una colección de dichos que Mateo y Lucas habrían usado. Y nos permite comparar distintas versiones de las mismas parábolas.
Además, muchos lectores han encontrado en sus dichos una fuente de meditación espiritual. Su insistencia en la búsqueda interior, en el autoconocimiento, en la presencia de lo divino en todas las cosas, conecta con la sensibilidad mística de muchas personas. Lo importante es leerlo sabiendo lo que es: no un evangelio secreto que revela al «verdadero» Jesús escondido por la Iglesia, sino un texto antiguo que expresa una interpretación particular de su mensaje.
Tomás y la mística judía
Algunos dichos de Tomás presentan un curioso parecido con temas de la mística judía. El dicho 50, que habla de venir «de la luz» y de un lugar donde la luz «se originó por sí misma», recuerda la idea de la luz primordial del Génesis. Y el dicho 22, que habla de «hacer de los dos uno», de unir lo de dentro y lo de fuera, lo de arriba y lo de abajo, lo masculino y lo femenino, recuerda ideas que siglos después desarrollaría la Cábala sobre la unión de las Sefirot y la reparación de la unidad perdida.
Pero hay que tener cuidado con estas comparaciones. Las ideas de Tomás proceden probablemente del pensamiento helenístico y del ascetismo sirio, más que de la mística judía. Y la Cábala es muy posterior. Son resonancias interesantes entre tradiciones místicas, no influencias directas. La mística judía auténtica de la época de Jesús se explora en la guía de la Merkavá y la Shejiná, y la lectura cabalística en la guía sobre Jesús y la Cábala.
Cómo leer el Evangelio de Tomás
Si quieres leer el Evangelio de Tomás, te proponemos algunas pautas:
- Léelo junto a los evangelios. Cuando encuentres un dicho con paralelo, compáralo con la versión de Mateo, Marcos o Lucas. Observa las diferencias.
- Recuerda su fecha probable. Aunque haya debate, la mayoría de los especialistas lo sitúa en el siglo II, después de los evangelios canónicos.
- Fíjate en su espiritualidad propia. El autoconocimiento, la luz interior y la búsqueda son temas centrales, distintos de los acentos de los evangelios canónicos.
- Nota lo que falta. No hay pasión ni resurrección, ni la oración judía, ni la Torá. Esto dice mucho sobre la comunidad que lo produjo.
- Medita los dichos que te inspiran, sabiendo que son una interpretación antigua, no necesariamente las palabras exactas de Jesús.
- Desconfía de las lecturas sensacionalistas que lo presentan como el «evangelio prohibido» que revela la verdad oculta.
Lecturas recomendadas
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Para comparar el Jesús del Evangelio de Tomás con el Jesús judío de Galilea, te recomiendo El judaísmo de Jesús, donde Mario Sabán muestra las raíces hebreas de sus enseñanzas.
Si te interesan las tradiciones místicas antiguas y su diferencia con la Cábala judía, Sod 32 te ofrece una introducción rigurosa al Árbol de la Vida. Y el Sefer Yetzirá, un texto místico judío contemporáneo de los primeros siglos del cristianismo, te permitirá comparar dos espiritualidades de la misma época.
Preguntas frecuentes sobre el Evangelio de Tomás
¿Qué es el Evangelio de Tomás?
Es una colección de 114 dichos atribuidos a Jesús, sin relato de su vida, encontrada en copto en Nag Hammadi (Egipto) en 1945, y conocida también por fragmentos griegos.
¿Cuándo se escribió el Evangelio de Tomás?
La mayoría de los especialistas lo fecha a mediados del siglo II. Una minoría piensa que contiene tradiciones del siglo I. Los fragmentos griegos más antiguos son de hacia el año 200.
¿Por qué no está en la Biblia?
Porque cuando se formó el canon, no se consideró de origen apostólico ni coherente con la fe de las comunidades. Además, refleja ideas cercanas al gnosticismo y al ascetismo sirio.
¿Es un evangelio gnóstico?
No completamente. No contiene el sistema mitológico gnóstico, pero comparte con el gnosticismo la importancia del conocimiento interior y cierta desconfianza hacia el mundo material.
¿Qué dichos del Evangelio de Tomás son conocidos?
Muchos tienen paralelos en los evangelios, como el grano de mostaza o la perla. Otros son únicos, como «parte un leño, y yo estoy allí» (dicho 77).
¿Es el Evangelio de Tomás una fuente fiable sobre Jesús?
Debe usarse con cautela. Algunos dichos pueden conservar tradiciones antiguas, pero en conjunto refleja la interpretación de una comunidad del siglo II.
Conclusión: un eco antiguo de las palabras de Jesús
El Evangelio de Tomás es uno de los descubrimientos más importantes del siglo XX para el estudio del cristianismo antiguo. Una colección de dichos que comparte muchas parábolas con los evangelios, pero que añade otros dichos misteriosos, con una espiritualidad centrada en el conocimiento interior y en la luz. Su fecha y su relación con los evangelios canónicos se siguen debatiendo, pero la mayoría de los especialistas lo sitúa en el siglo II, como expresión de una interpretación particular del mensaje de Jesús, más alejada de su raíz judía.
Leído con conocimiento, es un texto fascinante; leído sin él, puede inducir a error. Para seguir este camino, vuelve a la guía de mitos, apócrifos y verdades, descubre la verdad sobre la discípula de Magdala en María Magdalena, mito y realidad, o profundiza en los niveles de lectura de las parábolas en PaRDeS.
Fuentes
Fuentes primarias
- Evangelio de Tomás, códice II de Nag Hammadi; Papiros Oxirrinco 1, 654 y 655.
- Evangelios: Mateo 6:1-18 y 13; Marcos 4; Lucas 17:20-21; Juan 11:16 y 20:24-29.
- Hipólito de Roma, Refutación de todas las herejías 5.7.20.
- Orígenes, Homilías sobre Lucas 1; Homilías sobre Jeremías 20.3.
Estudios
- April D. DeConick, The Original Gospel of Thomas in Translation.
- Simon Gathercole, The Gospel of Thomas: Introduction and Commentary.
- Stephen J. Patterson, The Gospel of Thomas and Jesus.
- Antonio Piñero, José Montserrat y Francisco García Bazán, Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi.
- Elaine Pagels, Los evangelios gnósticos.