María Magdalena: mito y realidad de la discípula fiel

En 2009, al excavar los cimientos de un centro de peregrinación junto al lago de Galilea, los arqueólogos encontraron algo inesperado: los restos de una sinagoga del siglo I, una de las pocas de esa época que se conocen en la región. Estaba en Magdala, la ciudad de pescadores de la que procedía María Magdalena. Y en el centro de la sala apareció una piedra tallada única en el mundo, que hoy se conoce como la piedra de Magdala. En uno de sus lados está grabado el candelabro de siete brazos del Templo de Jerusalén, la menorá, la representación más antigua conocida tallada en piedra fuera de Jerusalén, cuyo sentido explicamos en el simbolismo de la luz. Y en otros lados hay ruedas y llamas que algunos estudiosos relacionan con la visión del carro divino de Ezequiel, la Merkavá. Es muy probable que Yeshúa enseñara en esta sinagoga: Mateo cuenta que «recorría Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas» (Mateo 4:23), y Magdala estaba a pocos kilómetros de Cafarnaúm. Y es muy probable que María, la mujer de Magdala, lo escuchara allí por primera vez.

Imagina Magdala en tiempos de Yeshúa. Es una ciudad próspera a orillas del lago, con un puerto activo donde atracan las barcas de los pescadores. Su nombre hebreo, Migdal, significa «torre», y los griegos la llamaban Tariquea, por la industria de salazón de pescado que la hacía famosa: el pescado del lago se secaba y se salaba allí para venderlo en todo el país y aún más lejos. Hay calles empedradas, mercados, baños rituales, casas de comerciantes acomodados. Entre sus habitantes hay una mujer llamada María, un nombre muy común entonces, el de Miriam, la hermana de Moisés. Para distinguirla de las demás Marías, la llamarán por su ciudad: María la de Magdala, María Magdalena. Algo terrible ha marcado su vida, algo que Lucas describe con una expresión enigmática: había estado poseída por «siete demonios». Y algo extraordinario la ha liberado: el encuentro con el Maestro de Galilea.

Y aquí está la gran sorpresa que espera a quien lee los evangelios sin prejuicios. María Magdalena no aparece en ellos como una pecadora arrepentida, ni como una prostituta, ni como la esposa secreta de Jesús. Aparece como algo mucho más importante: es la discípula más fiel. Cuando todos los discípulos huyeron en Getsemaní, ella estuvo al pie de la cruz. Cuando lo bajaron muerto, ella vio dónde lo enterraban. Y en la madrugada del primer día de la semana, fue la primera en llegar a la tumba, la primera en encontrarla vacía y, según los cuatro evangelios, la primera testigo de la resurrección. El Evangelio de Juan narra su encuentro con Yeshúa resucitado en una de las escenas más conmovedoras de toda la literatura: él la llama por su nombre, «¡María!», y ella lo reconoce y le responde en arameo: «¡Rabuni!», «Maestro mío» (Juan 20:16). Y él la envía a anunciarlo a los demás. Por eso la tradición la llamó «apóstol de los apóstoles».

Respuesta breve

María Magdalena fue una discípula judía de Jesús, procedente de Magdala, una ciudad de pescadores a orillas del lago de Galilea. Según Lucas 8:1-3, Jesús la había liberado de «siete demonios», y ella, junto con otras mujeres, lo seguía y sostenía su ministerio con sus bienes. Los cuatro evangelios la sitúan junto a la cruz, en la sepultura y en la tumba vacía, y la presentan como la primera testigo de la resurrección, por lo que la tradición la llamó «apóstol de los apóstoles». Su identificación con una prostituta arrepentida procede de una homilía del papa Gregorio Magno en el año 591, que la confundió con otras mujeres de los evangelios; los evangelios no lo dicen. Las ideas modernas de que era esposa de Jesús no tienen base en las fuentes antiguas, y el llamado «papiro de la esposa de Jesús» resultó ser una falsificación.

Lo que dicen los evangelios

María Magdalena aparece en los cuatro evangelios, siempre en momentos clave. La primera mención está en Lucas, durante el ministerio en Galilea: «Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza, intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes» (Lucas 8:1-3).

Es un texto muy significativo. Muestra que, además de los doce, había un grupo de mujeres que seguían a Yeshúa, viajaban con él y sostenían económicamente su ministerio. Algunas eran mujeres con recursos, como Juana, la esposa de un alto funcionario de Herodes Antipas. María Magdalena aparece la primera en la lista, lo que sugiere que tenía un lugar destacado en el grupo. Y su relación con Yeshúa comienza con una liberación: «de la que habían salido siete demonios».

Siete demonios: ¿qué significa?

La expresión «siete demonios» ha dado lugar a muchas interpretaciones. En el mundo antiguo, muchas enfermedades físicas y psíquicas se atribuían a la acción de espíritus malos. El número siete, en la Biblia, simboliza la plenitud. «Siete demonios» podría indicar, por tanto, un sufrimiento extremo, total, quizá una grave enfermedad física o mental que la había aislado de su comunidad. No hay en el texto ninguna indicación de que se tratara de un pecado moral ni, menos aún, de algo relacionado con la sexualidad.

Lo que sí revela el texto es que María había experimentado una sanación profunda, una liberación que transformó su vida y la llevó a seguir a Yeshúa con una fidelidad absoluta. Su historia es la de alguien que ha conocido el sufrimiento más hondo y ha sido rescatada. El simbolismo del número siete se explora en los números sagrados de los evangelios, y la sanación en la sanación en la tradición judía y en los evangelios.

Al pie de la cruz

El momento en que se revela la fidelidad de María Magdalena es la crucifixión. Marcos cuenta que, mientras Yeshúa moría, «había también algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén» (Marcos 15:40-41). Juan la sitúa todavía más cerca, «junto a la cruz», con la madre de Yeshúa y otras mujeres (Juan 19:25).

El contraste con los discípulos varones es impresionante. Marcos había contado unas páginas antes que, en Getsemaní, cuando arrestaron a Yeshúa, «todos los discípulos, dejándole, huyeron» (Marcos 14:50). Pedro lo negó tres veces. La noche de esa huida se narra en Getsemaní, la oración de entrega. Pero las mujeres, con María Magdalena a la cabeza, se quedaron. Acompañaron al Maestro hasta el final, en el momento de mayor humillación y peligro. Y después, «María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían» cuando José de Arimatea lo depositó en un sepulcro excavado en la roca (Marcos 15:47).

La primera testigo de la resurrección

Los cuatro evangelios coinciden en que María Magdalena fue a la tumba en la madrugada del primer día de la semana, después del Shabat. En Marcos, va con otras dos mujeres para ungir el cuerpo con especias aromáticas, y encuentran la piedra removida y a un joven vestido de blanco que les anuncia que Yeshúa ha resucitado (Marcos 16:1-8). En Mateo, va con «la otra María», y se encuentran con Yeshúa resucitado en el camino (Mateo 28:1-10). En Lucas, va con Juana, María la madre de Jacobo y otras mujeres, y son ellas las que llevan la noticia a los apóstoles, que no las creen (Lucas 24:1-11).

En Juan, la escena es más íntima y personal. María va sola, cuando todavía está oscuro. Encuentra la piedra quitada y corre a avisar a Pedro y al discípulo amado. Ellos vienen, ven la tumba vacía y se van. Pero María se queda llorando fuera del sepulcro. Ve a dos ángeles, que le preguntan por qué llora. «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Se vuelve y ve a Yeshúa, pero no lo reconoce; piensa que es el hortelano. Y entonces él la llama por su nombre: «¡María!». Y ella, volviéndose, le dice en hebreo, o en arameo: «¡Rabuni!», que quiere decir «Maestro» (Juan 20:1-16).

«No me retengas»: la misión de María

El encuentro continúa con unas palabras de Yeshúa que han sido muy comentadas: «No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios» (Juan 20:17). La expresión griega me mou háptou, que en latín se tradujo como noli me tangere, puede traducirse mejor como «no me retengas» o «no te aferres a mí». No es un rechazo, sino una invitación a no quedarse en el encuentro, sino a llevarlo a los demás.

Y María obedece: «Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas» (Juan 20:18). Es la primera que anuncia la resurrección. Por eso, desde muy pronto, la tradición la llamó «apóstol de los apóstoles», apostola apostolorum, es decir, la enviada a los enviados. Ya hacia el año 200, Hipólito de Roma, en su comentario al Cantar de los Cantares, llamaba a las mujeres de la tumba «apóstoles de los apóstoles». Y en 2016, la Iglesia católica elevó su memoria litúrgica a la categoría de fiesta, con este mismo título.

Las mujeres discípulas en el contexto judío

Es importante comprender lo extraordinario de la presencia de mujeres entre los seguidores de Yeshúa. En el judaísmo del siglo I, como en casi todas las sociedades antiguas, las mujeres tenían un papel limitado en la vida pública. No era habitual que un maestro tuviera discípulas que viajaran con él. Y en los tribunales judíos y romanos, el testimonio de una mujer tenía menos valor que el de un hombre.

Por eso, el hecho de que los evangelios presenten a mujeres como las primeras testigos de la resurrección es considerado por muchos historiadores como un indicio de autenticidad. Si los primeros cristianos hubieran inventado los relatos de la resurrección, habrían elegido testigos varones, más creíbles para la época. Que los evangelios conserven el testimonio de María Magdalena y de otras mujeres, a pesar de que podía resultar incómodo, sugiere que se trataba de un recuerdo muy firme. Es lo que los historiadores llaman el «criterio de dificultad». Los criterios históricos se explican en la guía de mitos, apócrifos y verdades.

El origen del mito de la pecadora

Si los evangelios presentan a María Magdalena como discípula fiel y testigo de la resurrección, ¿de dónde viene su imagen popular de prostituta arrepentida? La respuesta está en una homilía pronunciada en Roma en el año 591 por el papa Gregorio Magno. En ella, Gregorio identificó a María Magdalena con otras dos mujeres de los evangelios: la mujer pecadora anónima que, en casa de un fariseo, lavó los pies de Yeshúa con sus lágrimas y los secó con sus cabellos (Lucas 7:36-50), y María de Betania, la hermana de Marta y Lázaro, que también ungió los pies de Yeshúa con perfume (Juan 12:1-8). Gregorio dijo que eran la misma mujer, y que los siete demonios eran sus vicios (Homilía 33).

Esta identificación se difundió por toda la cristiandad occidental durante siglos. El arte medieval y renacentista representó a María Magdalena como una mujer bella y penitente, con largos cabellos sueltos y un frasco de perfume, llorando sus pecados. Pero los evangelios no dicen nada de eso. La mujer pecadora de Lucas 7 aparece justo antes de la mención de María Magdalena en Lucas 8, sin que el texto las relacione; y María de Betania es claramente otra persona. Las iglesias de Oriente nunca aceptaron esta identificación y siempre veneraron a María Magdalena como «igual a los apóstoles». En 1969, la Iglesia católica revisó su calendario litúrgico y dejó de identificarla con la pecadora. El perdón concedido a la mujer de Lucas 7 se explora en el perdón setenta veces siete.

María Magdalena en los evangelios apócrifos

En algunos textos apócrifos de los siglos II y III, María Magdalena adquiere un papel todavía más destacado. El más importante es el Evangelio de María, conservado en un códice copto del siglo V, el llamado Códice de Berlín, y en dos fragmentos griegos del siglo III. En él, después de la resurrección, María consuela a los discípulos, que tienen miedo, y les revela enseñanzas que Jesús le habría dado a ella en una visión. Pedro y Andrés dudan de que el Señor hubiera hablado en secreto con una mujer, y Leví defiende a María diciendo: «El Salvador la conocía muy bien. Por eso la amaba más que a nosotros».

En el Evangelio de Felipe, un texto gnóstico de Nag Hammadi, aparece una frase muy citada: «La compañera del Salvador es María Magdalena. Cristo la amaba más que a todos los discípulos y solía besarla en la…». El manuscrito está dañado justo en ese punto, y no se sabe qué palabra seguía: algunos han propuesto «boca», otros «mano», otros «frente». La palabra que se traduce por «compañera», koinonós, puede significar compañera, socia o compañera espiritual, no necesariamente esposa. Y en el lenguaje gnóstico, el beso tenía a menudo un sentido simbólico de transmisión espiritual. Estos textos reflejan las ideas de comunidades gnósticas posteriores y su visión de María como receptora de un conocimiento secreto, no información histórica sobre su relación con Jesús. Lo exploramos en el Evangelio de Tomás y en el Evangelio de Judas y los gnósticos.

Las leyendas medievales: María en Provenza

En la Edad Media se desarrolló en Francia una leyenda según la cual María Magdalena, junto con Marta, Lázaro y otros discípulos, habría sido expulsada de Palestina en una barca sin velas ni remos, que milagrosamente llegó a las costas de Provenza. Allí habría predicado el evangelio y habría pasado los últimos treinta años de su vida como ermitaña en una cueva del macizo de la Sainte-Baume. Su supuesta tumba se venera en la basílica de Saint-Maximin, y el pueblo de Saintes-Maries-de-la-Mer conmemora la llegada de la barca. Es una tradición piadosa, que no tiene base en las fuentes antiguas, y que se desarrolló a partir del siglo XI.

Los mitos modernos: la esposa de Jesús

En el siglo XX, la figura de María Magdalena fue objeto de nuevas especulaciones. En 1982, el libro El enigma sagrado (The Holy Blood and the Holy Grail) propuso que María Magdalena había sido la esposa de Jesús, que había tenido hijos con él y que su descendencia había dado origen a la dinastía merovingia de Francia, protegida por una sociedad secreta. Esta teoría, basada en documentos que después se demostró que habían sido falsificados en la década de 1960, fue popularizada en 2003 por la novela El código Da Vinci de Dan Brown, que vendió decenas de millones de ejemplares.

En 2012, la historiadora Karen King, de la Universidad de Harvard, presentó un pequeño fragmento de papiro en copto en el que aparecía la frase «Jesús les dijo: mi esposa…». Lo llamó «el evangelio de la esposa de Jesús». La noticia dio la vuelta al mundo. Pero los especialistas pronto expresaron sus dudas, y en 2016 el periodista Ariel Sabar investigó el origen del papiro y descubrió que su propietario tenía un pasado vinculado a la falsificación. Los análisis demostraron que la tinta y el texto eran modernos. La propia Karen King reconoció que el fragmento era probablemente una falsificación.

¿Estaba casado Jesús?

La pregunta de si Yeshúa estuvo casado no se puede responder con total certeza, porque los evangelios no lo dicen expresamente. Sí sabemos que en el judaísmo del siglo I el matrimonio era la norma, y que la mayoría de los maestros estaban casados. Pero también sabemos que había excepciones: los esenios célibes descritos por Josefo y Filón, Juan el Bautista, el profeta Jeremías, a quien Dios mandó no casarse (Jeremías 16:2), y algunos sabios posteriores, como Ben Azai, que dijo: «Mi alma desea la Torá» (Talmud, Yevamot 63b).

Lo que sí es significativo es que los evangelios mencionan a la madre, a los hermanos y a las hermanas de Yeshúa, pero nunca a una esposa. Si la hubiera tenido, sería extraño que no apareciera en ningún momento, especialmente en la crucifixión, donde se mencionan las mujeres presentes. Y ninguna fuente antigua, ni cristiana, ni judía, ni pagana, dice que estuviera casado con María Magdalena. La mayoría de los historiadores concluye que probablemente no se casó. Lo exploramos en ¿fue Jesús esenio?, donde hablamos del celibato de algunos esenios.

La verdadera grandeza de María Magdalena

Lo más triste de los mitos sobre María Magdalena es que han oscurecido su verdadera grandeza. Durante siglos, se la redujo a una pecadora arrepentida; en tiempos recientes, a la esposa de Jesús. En ambos casos, su importancia dependía de su relación con un hombre. Pero los evangelios la presentan con una grandeza propia: es una discípula, una mujer liberada de un sufrimiento terrible que eligió seguir al Maestro, que lo sostuvo con sus bienes, que no lo abandonó cuando todos huyeron, que permaneció junto a la cruz y junto a la tumba, y que fue la primera en recibir y anunciar la noticia de la resurrección.

Su fidelidad en el momento de la prueba la convierte en un modelo espiritual para todos. Su amor no era posesivo: cuando Yeshúa le dijo «no me retengas», ella fue a anunciarlo a los demás. La compasión y la fidelidad que la caracterizan se exploran en la compasión como camino espiritual.

Lecturas recomendadas

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Para comprender el papel de las mujeres en el judaísmo del siglo I y en el movimiento de Yeshúa, te recomiendo El judaísmo de Jesús, donde Mario Sabán describe la sociedad judía en la que vivió María de Magdala.

Si te atrae la mística de la Merkavá, que quizá evocaba la piedra de la sinagoga de Magdala, Sod 32 te ofrece una introducción a la mística judía. Y el Sefer Yetzirá, uno de sus textos más antiguos, te permitirá conocer la espiritualidad judía desde sus fuentes.

Preguntas frecuentes sobre María Magdalena

¿Quién fue María Magdalena?

Una discípula judía de Jesús, procedente de Magdala, junto al lago de Galilea. Jesús la había liberado de «siete demonios», y ella lo siguió, estuvo al pie de la cruz y fue la primera testigo de la resurrección.

¿Era María Magdalena una prostituta?

No. Los evangelios no lo dicen. Esa idea procede de una homilía del papa Gregorio Magno del año 591, que la confundió con la mujer pecadora de Lucas 7. En 1969, la Iglesia católica dejó de identificarlas.

¿Por qué se la llama «apóstol de los apóstoles»?

Porque, según el Evangelio de Juan, fue la primera a la que Jesús resucitado se apareció y la envió a anunciarlo a los discípulos (Juan 20:17-18).

¿Estaba casada con Jesús?

No hay ninguna fuente antigua que lo diga. Es una idea moderna, popularizada por libros como El código Da Vinci. El papiro de la «esposa de Jesús» resultó ser una falsificación.

¿Qué es el Evangelio de María?

Un texto apócrifo de los siglos II o III, conservado en copto y en fragmentos griegos, en el que María Magdalena revela a los discípulos enseñanzas secretas de Jesús. Refleja ideas de comunidades posteriores.

¿Qué se ha descubierto en Magdala?

En 2009 se excavó una sinagoga del siglo I con la piedra de Magdala, que tiene grabada la menorá del Templo. Es probable que Jesús enseñara allí.

Conclusión: la discípula que se quedó

María Magdalena es una de las figuras más malinterpretadas de la historia. Durante siglos se la convirtió en una pecadora arrepentida, y en tiempos recientes en la esposa secreta de Jesús. Pero los evangelios cuentan una historia diferente y más bella: la de una mujer de Magdala, liberada de un gran sufrimiento, que siguió al Maestro de Galilea, lo sostuvo con sus bienes, permaneció junto a la cruz cuando todos huyeron, vio dónde lo enterraban y fue la primera en escuchar su nombre pronunciado por el resucitado. «¡María!». «¡Rabuni!».

Su grandeza no depende de los mitos, sino de su fidelidad. Para seguir este camino, vuelve a la guía de mitos, apócrifos y verdades, conoce los textos gnósticos que la mencionan en el Evangelio de Judas y los gnósticos, o descubre la mística que evoca la piedra de Magdala en la Merkavá, el trono de Dios.

Fuentes

Fuentes primarias

  • Evangelios: Mateo 4:23, 27:55-61 y 28:1-10; Marcos 14:50, 15:40-47 y 16:1-8; Lucas 7:36-50, 8:1-3 y 24:1-11; Juan 12:1-8, 19:25 y 20:1-18.
  • Jeremías 16:2.
  • Evangelio de María (Códice de Berlín 8502; Papiros Rylands 463 y Oxirrinco 3525).
  • Evangelio de Felipe, códice II de Nag Hammadi.
  • Hipólito de Roma, Comentario al Cantar de los Cantares.
  • Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios 33.
  • Talmud de Babilonia, Yevamot 63b.

Estudios

  • Karen L. King, El Evangelio de María de Magdala.
  • Ariel Sabar, Veritas: A Harvard Professor, a Con Man and the Gospel of Jesus’s Wife.
  • Mordechai Aviam, estudios sobre la sinagoga de Magdala.
  • Antonio Piñero, Los cristianismos derrotados.
  • Mario Javier Sabán, El judaísmo de Jesús.

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