El Evangelio de Judas y los gnósticos: qué revela

Hacia el año 180, el obispo Ireneo de Lyon escribió una obra monumental contra las corrientes gnósticas que se extendían por las comunidades cristianas de su tiempo. Y en ella mencionó, casi de pasada, un texto escandaloso que circulaba entre un grupo llamado los cainitas: «Dicen que Judas el traidor conocía estas cosas con exactitud, y que solo él, conociendo la verdad como ningún otro, llevó a cabo el misterio de la traición… Y presentan una obra de ficción a este respecto, que llaman el Evangelio de Judas» (Contra las herejías 1.31.1). Durante más de mil ochocientos años, ese texto fue solo un nombre en un libro antiguo. Nadie sabía si había existido realmente, ni qué decía. Hasta que en abril de 2006, la National Geographic Society anunció al mundo, con una gran campaña mediática, que el Evangelio de Judas había sido encontrado, restaurado y traducido. Los titulares de todo el planeta proclamaron que el texto rehabilitaba a Judas, el discípulo más odiado de la historia, presentándolo como el amigo más íntimo de Jesús.

Imagina un pequeño libro de papiro, de apenas sesenta y seis páginas, que ha pasado casi treinta años en las condiciones más terribles. Fue encontrado a finales de la década de 1970 en una cueva funeraria cerca de El Minia, en el Medio Egipto, por unos campesinos. Pasó por las manos de varios comerciantes de antigüedades. Fue ofrecido en venta a museos e instituciones que no se atrevieron a comprarlo. Estuvo guardado durante dieciséis años en la caja de seguridad de un banco en Hicksville, Nueva York, donde la humedad lo fue deshaciendo. Un comerciante lo metió en un congelador, pensando erróneamente que así lo conservaría mejor, y el papiro se volvió aún más frágil. Cuando por fin llegó a manos de los restauradores en Suiza, en el año 2001, estaba roto en cientos de fragmentos, algunos del tamaño de una uña. Durante cinco años, un equipo de especialistas trabajó con paciencia infinita, pieza por pieza, para reconstruir el texto. Era el Códice Tchacos, llamado así por la comerciante Frieda Tchacos Nussberger, que lo compró en el año 2000.

Y aquí está lo que muchos titulares de 2006 no contaron. Cuando otros especialistas tuvieron acceso a las fotografías y al texto copto, empezaron a encontrar problemas en la traducción inicial. La estudiosa April DeConick, de la Universidad Rice, publicó en 2007 un libro titulado El decimotercer apóstol, en el que señalaba que algunas palabras clave se habían traducido de forma discutible. Por ejemplo, en un pasaje en el que Jesús llama a Judas daimon, la traducción oficial decía «espíritu»; pero en la literatura gnóstica, daimon significa habitualmente «demonio». Según DeConick y otros estudiosos, leído con atención, el texto no presenta a Judas como un héroe, sino como un demonio vinculado al dios inferior que gobierna este mundo. El supuesto «evangelio que rehabilita a Judas» podría ser, en realidad, un texto que lo condena de otra manera.

Respuesta breve

El Evangelio de Judas es un texto gnóstico del siglo II, conservado en una traducción copta del siglo III o IV en el llamado Códice Tchacos, encontrado en Egipto a finales de la década de 1970 y publicado por la National Geographic Society en 2006. Ireneo de Lyon ya lo mencionó hacia el año 180. Presenta un diálogo entre Jesús y Judas Iscariote en los días antes de la Pascua, en el que Jesús revela a Judas los misterios del cosmos según la mitología gnóstica setiana. La primera traducción lo presentó como un texto que rehabilitaba a Judas, pero otros especialistas, como April DeConick, han discutido esa lectura y sostienen que lo presenta de forma negativa. No aporta información histórica sobre Judas ni sobre Jesús, pero es un documento valioso sobre el gnosticismo antiguo.

El Códice Tchacos

El Códice Tchacos es un pequeño libro de papiro, encuadernado en cuero, escrito en copto, la última fase de la lengua egipcia, escrita con un alfabeto derivado del griego. Las pruebas de carbono 14 realizadas por la Universidad de Arizona lo fecharon entre los años 220 y 340 de nuestra era. Contiene cuatro textos: una versión de la Carta de Pedro a Felipe y otra de la Primera revelación de Santiago, ambas conocidas también por los códices de Nag Hammadi; el Evangelio de Judas, desconocido hasta entonces; y un texto fragmentario relacionado con la figura gnóstica de Alógenes.

La historia del códice es una aventura llena de peligros y de oportunidades perdidas. Después de su descubrimiento, pasó años en el mercado ilegal de antigüedades, sufriendo un deterioro terrible. Cuando finalmente llegó a manos de la Fundación Mecenas de Basilea y fue restaurado bajo la dirección del especialista suizo Rodolphe Kasser, una parte del texto se había perdido para siempre. Hoy se calcula que falta alrededor de un diez o quince por ciento del Evangelio de Judas, a menudo en pasajes cruciales. El códice fue devuelto a Egipto y se conserva en el Museo Copto de El Cairo.

Ireneo y los gnósticos

Como hemos visto, Ireneo de Lyon mencionó el Evangelio de Judas hacia el año 180. Esto significa que el texto original griego, del que la versión copta es una traducción, debió de escribirse antes de esa fecha, probablemente a mediados del siglo II, más de un siglo después de la muerte de Jesús y de Judas. No puede haber sido escrito por Judas Iscariote, que según los evangelios murió poco después de la crucifixión.

Ireneo atribuía el texto a un grupo que llamaba los cainitas, que según él veneraban a los personajes malvados de la Biblia, como Caín, los habitantes de Sodoma o Judas, porque creían que el Dios del Antiguo Testamento era un dios inferior y malvado, y que quienes se habían opuesto a él eran en realidad héroes del conocimiento verdadero. Hoy los especialistas no están seguros de que existiera un grupo llamado así, pero sí reconocen en el Evangelio de Judas las ideas de una corriente gnóstica concreta, conocida como el gnosticismo setiano.

¿Qué es el gnosticismo?

Para comprender el Evangelio de Judas, hay que conocer el gnosticismo. Con este nombre se designa un conjunto de corrientes religiosas de los siglos II y III que compartían algunas ideas fundamentales. La palabra procede del griego gnosis, «conocimiento». Los gnósticos creían que la salvación no se obtiene principalmente por la fe o por las obras, sino por un conocimiento secreto revelado a unos pocos elegidos: el conocimiento del verdadero origen divino del alma.

La mayoría de los sistemas gnósticos enseñaban que, por encima de todo, existe un Dios supremo, totalmente trascendente, desconocido, puro espíritu. De él emanaron una serie de seres divinos, los eones, que forman el pleroma, la plenitud del mundo espiritual. Pero en algún momento, por un error o una caída, surgió un dios inferior, el demiurgo, a menudo identificado con el Dios del Génesis, que creó el mundo material, imperfecto o malo. Las almas humanas son chispas del mundo divino atrapadas en la materia, y el conocimiento revelado les permite despertar y volver a su origen. Jesús, para muchos gnósticos, era un revelador que venía del mundo superior para traer ese conocimiento.

El gnosticismo y el judaísmo

Este punto es muy importante para un blog que lee a Jesús desde su raíz judía. El gnosticismo, en la mayoría de sus formas, tenía una visión muy negativa del Dios de la Biblia hebrea, al que consideraba un dios inferior, ignorante o malvado. La creación del mundo, que en el Génesis Dios declara «buena en gran manera» (Génesis 1:31), era para los gnósticos un error o una cárcel. Es decir, el gnosticismo se apartó radicalmente de la fe de Israel, que ve en el mundo creado un don del Dios único y bueno.

El Jesús de los evangelios canónicos, en cambio, es un judío que ama al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, al que llama Abba, Padre; que recita el Shemá, «el Señor nuestro Dios, el Señor uno es»; que contempla los lirios del campo y las aves del cielo como obras del cuidado del Padre; que ora con los Salmos. Entre el Jesús judío de Galilea y el Jesús de los textos gnósticos hay un abismo. Lo exploramos en el Shemá, el primer mandamiento y en orar con Abba.

Lo que cuenta el Evangelio de Judas

El Evangelio de Judas comienza así: «El relato secreto de la revelación que Jesús habló en conversación con Judas Iscariote durante una semana, tres días antes de que celebrara la Pascua». El texto presenta a Jesús riéndose de los discípulos, que están celebrando una oración de acción de gracias sobre el pan, porque, según él, están adorando a su dios, el dios inferior. Los discípulos se enfadan. Solo Judas es capaz de mantenerse ante Jesús y decirle: «Sé quién eres y de dónde has venido. Has venido del reino inmortal de Barbeló», un nombre de la mitología setiana para un ser divino superior.

Jesús lleva entonces a Judas aparte y le revela los misterios del cosmos: el gran Espíritu invisible, los eones, las luminarias, los ángeles, y los gobernantes del mundo inferior, como Nebro, también llamado Yaldabaot, y Saklas, que crearon a los seres humanos. Es una cosmología compleja, típica del gnosticismo setiano. Al final del texto, Jesús dice a Judas una frase que ha sido muy discutida: «Tú los superarás a todos. Porque tú sacrificarás al hombre que me reviste». Y el texto termina con una breve escena en la que Judas recibe dinero de los sumos sacerdotes y entrega a Jesús.

La polémica sobre la traducción

La primera traducción, publicada por la National Geographic en 2006, interpretaba el texto como una rehabilitación de Judas. Según esta lectura, Judas sería el único discípulo que comprendió realmente quién era Jesús, y su «traición» habría sido en realidad un acto de obediencia: al entregar a Jesús, Judas le ayudaba a liberarse de su cuerpo material, «el hombre que me reviste», para volver al mundo divino. Judas sería así el discípulo predilecto, el héroe del conocimiento.

Pero poco después, varios especialistas cuestionaron esta interpretación. April DeConick señaló varios problemas. Primero, el término daimon con el que Jesús llama a Judas, que en el contexto gnóstico significa «demonio», no «espíritu». Segundo, un pasaje en el que la traducción inicial decía que Judas sería «separado para» la generación santa, cuando el texto copto puede leerse como «separado de» ella. Tercero, un pasaje en el que se había añadido una negación que no estaba en el texto, cambiando el sentido de la frase. Y cuarto, el hecho de que Judas sea llamado «el decimotercero», un número que en la cosmología setiana se asocia con el eón del dios inferior, el demiurgo. Según esta lectura, el texto presenta a Judas no como un héroe, sino como alguien vinculado al gobernante malvado del mundo, que «sacrifica» a Jesús al servicio de ese dios inferior.

El debate continúa entre los especialistas, y no hay un consenso total. Pero hoy muchos estudiosos coinciden en que la presentación mediática de 2006 fue demasiado simplificada y sensacionalista. El caso es un buen ejemplo de cómo un descubrimiento real puede ser malinterpretado cuando se presenta al público con prisas y con intereses comerciales.

Lo que el texto no es

Es importante subrayar lo que el Evangelio de Judas no es. No es un texto escrito por Judas Iscariote, ni por ningún testigo directo de los hechos. No contiene información histórica fiable sobre la relación entre Jesús y Judas. No es un documento ocultado por la Iglesia: era un texto conocido por su nombre desde el siglo II, perdido como tantos otros textos antiguos, y cuando apareció fue estudiado y publicado abiertamente. Y no cambia en nada lo que sabemos históricamente sobre Jesús.

Lo que sí es: un documento auténtico y valioso del siglo II que nos permite conocer mejor el pensamiento de una corriente gnóstica, sus ideas sobre el cosmos, su polémica contra otras comunidades cristianas y su manera de reinterpretar los relatos de los evangelios. Para los historiadores del cristianismo antiguo, es un hallazgo de gran importancia. Para quien busca al Jesús histórico, su aportación es muy limitada.

Judas en los evangelios

¿Qué sabemos realmente de Judas Iscariote? Los cuatro evangelios coinciden en que fue uno de los doce discípulos elegidos por Jesús y que lo entregó a las autoridades. Su sobrenombre, Iscariote, se ha interpretado de varias maneras: «hombre de Keriot», una aldea de Judea, lo que lo convertiría en el único de los doce que no era galileo; o quizá relacionado con los sicarios, un grupo de rebeldes. Juan dice que guardaba la bolsa común del grupo y que tomaba de lo que se echaba en ella (Juan 12:6).

Los motivos de la traición no están claros. Mateo menciona las treinta monedas de plata (Mateo 26:15), evocando un texto del profeta Zacarías (Zacarías 11:12-13). Lucas y Juan dicen que Satanás entró en él (Lucas 22:3; Juan 13:27). Y su final es trágico: según Mateo, arrepentido, devolvió el dinero y se ahorcó (Mateo 27:3-5); según los Hechos, murió en un campo (Hechos 1:18). Su historia, como hemos visto, recuerda la de Ajitófel, el consejero que traicionó al rey David y terminó ahorcándose. Es una figura trágica, que ha suscitado a lo largo de los siglos reflexiones profundas sobre la libertad, la culpa y la misericordia. La noche de la traición se explora en Getsemaní, la oración de entrega.

Un aviso sobre el antijudaísmo

Hay un aspecto delicado que conviene mencionar. A lo largo de la historia, la figura de Judas fue usada a menudo de forma antisemita: su nombre, que es el mismo que el de la tribu de Judá y de la palabra «judío», se convirtió en una imagen del pueblo judío entero como traidor. Esta lectura fue una injusticia terrible que alimentó siglos de persecución. Todos los discípulos de Jesús eran judíos, como Jesús mismo, como María, como María Magdalena. La traición de Judas fue el acto de un individuo, no de un pueblo. Leer los evangelios desde su raíz judía, como hacemos en este blog, es también una manera de deshacer esos prejuicios y de reconocer que Jesús pertenece a su pueblo. Lo explicamos en el camino interior del Maestro de Galilea.

La biblioteca gnóstica de Nag Hammadi

El Evangelio de Judas pertenece a la misma familia de textos que la biblioteca de Nag Hammadi, encontrada en 1945, que contiene más de cincuenta obras, muchas de ellas gnósticas. Entre ellas hay textos como el Apócrifo de Juan, que expone la cosmología setiana con detalle; el Evangelio de la Verdad, atribuido por algunos al maestro gnóstico Valentín; el Evangelio de Felipe, con sus menciones de María Magdalena; y el Evangelio de Tomás, que no es propiamente gnóstico pero comparte algunos rasgos con estas corrientes. Lo exploramos en el Evangelio de Tomás y en María Magdalena, mito y realidad.

Estos textos nos muestran la extraordinaria diversidad del cristianismo de los siglos II y III, antes de que se fijara el canon del Nuevo Testamento y se definieran las grandes doctrinas. Hubo debates intensos sobre quién era Jesús, cuál era el sentido de su muerte, cuál era la relación entre el Dios de Jesús y el Dios de Israel. Las comunidades que finalmente prevalecieron afirmaron que el Dios de Jesús es el mismo Dios de Abraham y de Moisés, el creador del mundo, y que las Escrituras de Israel son Escritura sagrada. Esta afirmación mantuvo al cristianismo unido a su raíz judía, aunque a menudo lo olvidara.

Gnosticismo y Cábala: una distinción necesaria

A veces se confunde el gnosticismo con la Cábala, porque ambos hablan de emanaciones, de mundos superiores, de chispas divinas y de conocimientos místicos. Y es cierto que algunos estudiosos, como Gershom Scholem, señalaron ciertas semejanzas entre algunos temas gnósticos y algunos temas cabalísticos. Pero hay una diferencia fundamental. La Cábala nunca considera malvado al Dios de la Torá ni al mundo creado. Para los cabalistas, el Ein Sof, el Infinito, y el Dios que habla en la Biblia son el mismo Dios; las Sefirot son las dimensiones de su manifestación; y el mundo, aunque esté herido por la fragmentación, es bueno y está llamado a la reparación, el Tikún. La Cábala es profundamente fiel a la Torá y a los mandamientos.

El gnosticismo, en cambio, rechaza el mundo material y a su creador. La Cábala busca santificar el mundo; el gnosticismo, escapar de él. Por eso, aunque ambos sean tradiciones esotéricas, sus espíritus son muy diferentes. Lo exploramos en la guía sobre Jesús y la Cábala y en el Reino de los cielos y el Tikún Olam.

Cómo leer el Evangelio de Judas

Si quieres leer el Evangelio de Judas, te sugerimos algunas pautas:

  1. Recuerda su fecha. Es un texto del siglo II, escrito más de un siglo después de Jesús y de Judas.
  2. Conoce su contexto. Pertenece al gnosticismo setiano, con una cosmología compleja y una visión negativa del mundo material.
  3. Usa varias traducciones. Compara la traducción de la National Geographic con las de otros especialistas, como April DeConick o Marvin Meyer, para ver las diferencias.
  4. No busques en él historia. No aporta información fiable sobre la relación real entre Jesús y Judas.
  5. Desconfía del sensacionalismo. Los titulares que hablan de «el evangelio que cambia todo» suelen exagerar.
  6. Valóralo como documento. Es una ventana a la diversidad de los primeros siglos del cristianismo.

Lecturas recomendadas

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Para comprender por qué el Jesús de los gnósticos es tan diferente del Jesús judío de Galilea, te recomiendo El judaísmo de Jesús, el libro de Mario Sabán que muestra al Maestro en su raíz hebrea.

Si quieres conocer una mística de las emanaciones fiel a la Torá, muy distinta del gnosticismo, Sod 32 te introduce en la Cábala y el Árbol de la Vida. Y el Sefer Yetzirá, texto místico judío contemporáneo de los gnósticos, te mostrará cómo veía la mística judía la creación: como obra buena del Dios único.

Preguntas frecuentes sobre el Evangelio de Judas

¿Qué es el Evangelio de Judas?

Es un texto gnóstico del siglo II, conservado en copto en el Códice Tchacos, en el que Jesús revela a Judas Iscariote los misterios del cosmos según la mitología gnóstica.

¿Cuándo se descubrió el Evangelio de Judas?

El códice se encontró en Egipto a finales de la década de 1970, pero no se publicó hasta 2006, por la National Geographic Society, tras años de deterioro y restauración.

¿Lo escribió Judas Iscariote?

No. Fue escrito a mediados del siglo II, más de un siglo después de la muerte de Judas. Ireneo de Lyon ya lo menciona hacia el año 180.

¿Rehabilita a Judas el Evangelio de Judas?

Así lo presentó la primera traducción. Pero otros especialistas, como April DeConick, sostienen que el texto lo presenta como un demonio vinculado al dios inferior. El debate sigue abierto.

¿Qué es el gnosticismo?

Un conjunto de corrientes religiosas de los siglos II y III que enseñaban que la salvación se obtiene por un conocimiento secreto y que el mundo material fue creado por un dios inferior.

¿Es lo mismo gnosticismo que Cábala?

No. Aunque comparten algunos temas, la Cábala considera bueno al Dios de la Torá y al mundo creado, y busca su reparación. El gnosticismo rechaza el mundo material y a su creador.

Conclusión: el Jesús que no necesita secretos

El Evangelio de Judas es un hallazgo real y valioso, un texto del siglo II que había sido mencionado por Ireneo y que, tras un viaje accidentado por el mercado de antigüedades, fue restaurado y publicado en 2006. Pero su presentación mediática como «el evangelio que rehabilita a Judas» fue apresurada, y muchos especialistas leen hoy el texto de otra manera. Más allá de ese debate, su valor está en mostrarnos el mundo del gnosticismo antiguo, con su cosmología compleja y su rechazo del mundo material y del Dios de Israel, muy lejos del Jesús judío de Galilea.

Con este artículo terminamos el recorrido por los mitos y apócrifos sobre Jesús, y con él todo el blog de La Mística de Jesús. Hemos visto que el Maestro de Galilea no necesita leyendas, ni viajes secretos, ni evangelios escondidos para ser fascinante. Su mística está en su oración, en su intimidad con el Padre, en sus enseñanzas interiores, en sus símbolos y prácticas, en su raíz judía. Para volver al conjunto de este silo, visita la guía de mitos, apócrifos y verdades. Y para recorrer de nuevo el camino completo, vuelve al principio: el camino interior del Maestro de Galilea, y desde allí a la Merkavá y la Shejiná, los esenios, las enseñanzas interiores, la oración, las prácticas y los símbolos.

Fuentes

Fuentes primarias

  • Evangelio de Judas, Códice Tchacos (siglos III-IV).
  • Ireneo de Lyon, Contra las herejías 1.31.1.
  • Biblioteca de Nag Hammadi: Apócrifo de Juan, Evangelio de la Verdad, Evangelio de Felipe.
  • Biblia hebrea: Génesis 1:31; Zacarías 11:12-13; 2 Samuel 17:23.
  • Evangelios: Mateo 26:14-16 y 27:3-10; Lucas 22:3-6; Juan 12:6 y 13:21-30.
  • Hechos 1:16-20.

Estudios

  • Rodolphe Kasser, Marvin Meyer y Gregor Wurst (eds.), El Evangelio de Judas.
  • April D. DeConick, The Thirteenth Apostle: What the Gospel of Judas Really Says.
  • Elaine Pagels y Karen L. King, Reading Judas.
  • Gershom Scholem, Las grandes tendencias de la mística judía.
  • Antonio Piñero y Sofía Torallas, El Evangelio de Judas.

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