Hace casi dos mil años, un sabio judío llamado Rabí Janania ben Teradión enseñó algo que parece escrito para cualquier lector de hoy: cuando dos personas se sientan juntas y entre ellas hay palabras de la Torá, la Shejiná, la Presencia de Dios, reposa en medio de ellas (Pirké Avot 3:2). En la misma tierra y en la misma época, Yeshúa de Nazaret dijo a sus discípulos: «Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18:20). Dos voces, una misma intuición: Dios no habita solo en los templos de piedra, sino en el espacio vivo que se abre entre quienes lo buscan juntos.
Piensa en una casa sencilla de Cafarnaúm al caer la tarde del viernes. Las mujeres encienden las lámparas de aceite que anuncian el Shabat, el pan está cubierto sobre la mesa, los niños se sientan inquietos, los pescadores han lavado sus redes. Alguien abre un rollo, alguien recita un salmo, alguien parte el pan. En esas mesas comió Yeshúa muchas veces, y en esas mesas aprendieron sus contemporáneos que la Presencia divina tiene una predilección especial por los lugares humildes, por las reuniones pequeñas, por los corazones que se abren.
Pero la enseñanza más conmovedora sobre la Shejiná es otra. El Talmud afirma que, cuando Israel fue llevado al exilio, la Presencia de Dios no se quedó en Jerusalén: «Dondequiera que fueron desterrados, la Shejiná fue con ellos» (Meguilá 29a). Un Dios que se exilia con su pueblo, que comparte su destierro y su dolor, que no abandona a los que lo han perdido todo. Cuando se lee el evangelio con esta clave, uno empieza a ver la Shejiná por todas partes: en un maestro que come con los excluidos, que toca a los leprosos, que busca a la oveja perdida y que dice que lo que se hace al más pequeño se le hace a él.
Respuesta breve
La Shejiná es la Presencia de Dios que habita entre los seres humanos. La palabra procede del hebreo shakán, «habitar», el mismo verbo del mishkán o tabernáculo del desierto. Aparece en los Targumim y en la literatura rabínica, que enseñan que la Shejiná reposa sobre quienes estudian juntos, acompaña a Israel en el exilio, está junto al enfermo y habita con los humildes. Las enseñanzas de Jesús tienen ecos muy claros de esta idea, como su promesa de estar en medio de dos o tres reunidos en su nombre.
Qué significa Shejiná
Shejiná es un sustantivo formado a partir de la raíz hebrea sh-k-n, que significa «habitar», «morar», «poner la tienda». Es la misma raíz de shajén, «vecino», y de mishkán, el santuario portátil que Israel llevó consigo durante los cuarenta años del desierto. Por eso Shejiná no evoca un Dios distante, sino un Dios vecino: alguien que ha plantado su tienda junto a la nuestra.
El texto bíblico que está en el origen de esta idea es Éxodo 25:8: «Y me harán un santuario, y habitaré en medio de ellos». Los sabios se detuvieron en un detalle gramatical que no se les escapó: el versículo no dice «habitaré en él», en el santuario, sino «en medio de ellos», en las personas. El edificio es solo el pretexto; el verdadero lugar de la Presencia es el pueblo. Esta lectura, repetida durante siglos en la tradición judía, prepara el terreno para muchas de las enseñanzas de Yeshúa.
Un dato importante: la palabra Shejiná no aparece en la Biblia hebrea. Surge después, en los Targumim y en la literatura rabínica, para hablar de la presencia de Dios con un respeto especial. Es también una palabra de género gramatical femenino, un detalle que la Cábala medieval convertiría siglos más tarde en una de sus intuiciones más ricas.
De la nube de gloria al Templo de Jerusalén
Antes de que existiera la palabra Shejiná, la Biblia ya describía su realidad con otra imagen: la nube de gloria. Cuando Moisés terminó de levantar el tabernáculo, «una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria del Señor llenó el tabernáculo», hasta el punto de que el propio Moisés no podía entrar (Éxodo 40:34-35). Siglos después, cuando Salomón inauguró el Templo de Jerusalén, ocurrió lo mismo: la nube llenó la casa y los sacerdotes no podían mantenerse en pie para servir (1 Reyes 8:10-11).
Esa gloria, en hebreo kavod, que significa también «peso» o «densidad», es la manifestación visible de una presencia invisible. Ezequiel la vio abandonar el Templo antes de su destrucción (Ezequiel 10) y anunció su regreso futuro (Ezequiel 43). La historia de Israel puede leerse, en cierto modo, como la historia de esa Presencia que viene, que se va, que acompaña en el destierro y que promete volver. Es la misma Gloria que los místicos contemplaban sobre el trono celeste, tal como explicamos en el artículo sobre la Merkavá y el trono de Dios.
La Shejiná en los Targumim y en las enseñanzas de los sabios
En las sinagogas del tiempo de Jesús, la lectura de la Torá en hebreo iba acompañada de una traducción oral al arameo, la lengua del pueblo. Esas traducciones, puestas por escrito más tarde, se llaman Targumim. Allí donde el texto bíblico dice que Dios habita, desciende o se hace presente, los traductores suelen decir que Dios hace morar «su Shejiná». El Targum Onkelos, por ejemplo, traduce Éxodo 25:8 de modo que es la Shejiná de Dios la que habitará en medio del pueblo. Así, cada sábado, la gente sencilla de Galilea escuchaba esta palabra en su propia lengua.
La literatura rabínica desarrolló esta intuición con una ternura extraordinaria. Estos son algunos de los lugares donde, según los sabios, reposa la Shejiná:
- Entre quienes estudian juntos. Dos personas que comparten las palabras de la Torá, e incluso una sola que estudia en soledad, atraen la Presencia (Pirké Avot 3:2 y 3:6).
- En la oración comunitaria. Donde diez personas se reúnen para orar, la Shejiná está con ellas (Talmud, Berajot 6a).
- Junto al enfermo. La Shejiná está sobre la cabecera de la cama del enfermo, y por eso quien lo visita debe hacerlo con respeto (Talmud, Shabat 12b).
- Con los humildes. Dios dice del soberbio: «Él y yo no podemos habitar juntos en el mundo» (Talmud, Sotá 5a), y habita, en cambio, con el quebrantado y humilde de espíritu (Isaías 57:15).
- En el exilio. Adondequiera que Israel fue desterrado, la Shejiná fue con él (Talmud, Meguilá 29a).
- En el hogar. Cuando un esposo y una esposa viven con dignidad y respeto mutuo, la Presencia habita entre ellos (Talmud, Sotá 17a).
Conviene recordar que estos textos se pusieron por escrito después de la época de Jesús. Pero recogen tradiciones orales antiguas y reflejan una sensibilidad religiosa que ya estaba viva en su tiempo. Leídos junto a los evangelios, revelan una sintonía sorprendente.
La Shejiná en las enseñanzas de Jesús
Yeshúa nunca usa la palabra Shejiná en los evangelios, que están escritos en griego. Pero quien conoce la tradición judía reconoce su huella en muchas de sus palabras y de sus gestos. Veamos los ecos más claros.
«En medio de ellos»
La promesa de Mateo 18:20 es el paralelo más evidente. Igual que los sabios enseñaban que la Presencia reposa entre los que estudian juntos la Torá, Yeshúa promete estar en medio de los que se reúnen en su nombre. La estructura es idéntica: un pequeño grupo, un centro común, una presencia que se hace real precisamente allí, en el «entre». No hace falta un gran templo ni una multitud: bastan dos o tres.
La Presencia en los más pequeños
En la parábola del juicio, el Rey dice a los justos: «En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis» (Mateo 25:40). El hambriento, el sediento, el forastero, el desnudo, el enfermo y el preso se convierten en el lugar donde se encuentra la Presencia. La tradición que situaba a la Shejiná junto a la cama del enfermo y con el humilde de espíritu encuentra aquí una expresión radical. Yeshúa enseña a buscar a Dios en el rostro del que sufre.
El niño en medio
Cuando los discípulos discuten quién es el mayor, Yeshúa pone a un niño en medio de ellos y dice que quien recibe a un niño así, lo recibe a él (Mateo 18:2-5). Es una escena de una ternura enorme, y muy coherente con la enseñanza rabínica según la cual la Presencia no puede convivir con la soberbia. Donde hay humildad, hay espacio para Dios. Lo desarrollamos en la humildad como práctica espiritual: «el que se humilla será enaltecido».
La Presencia junto al enfermo
Los evangelios están llenos de escenas en las que Yeshúa se acerca a los enfermos, los toca y los levanta. Para un judío que sabía que la Shejiná está sobre la cabecera del enfermo, estos gestos tenían un significado profundo: no eran solo actos de compasión, sino encuentros con la Presencia en el lugar del dolor. Este tema se trata con detalle en la sanación en la tradición judía y en Jesús.
La tienda entre nosotros
El prólogo del Evangelio de Juan dice que la Palabra «habitó entre nosotros» (Juan 1:14). El verbo griego, eskénosen, significa literalmente «puso su tienda», y su sonido recuerda de forma llamativa al hebreo shakán y al mishkán del desierto. Muchos estudiosos han señalado este eco. El evangelista, profundamente arraigado en la tradición judía, expresa con esta imagen la experiencia de los discípulos: en la vida del maestro de Galilea, la Presencia había plantado su tienda entre los hombres, y añade enseguida que «vimos su gloria», el kavod que llenaba el antiguo tabernáculo.
La nube en el monte
En la Transfiguración, una nube luminosa cubre a Yeshúa y a sus discípulos, y desde ella se oye una voz (Mateo 17:5). Para cualquier oyente judío, esa nube era inconfundible: la misma que cubría el tabernáculo y llenaba el Templo. La Shejiná aparece aquí en su forma bíblica más antigua. Lo exploramos en el artículo sobre la Transfiguración y la mística de la Merkavá.
El Reino que está «entre vosotros»
Cuando Yeshúa dice que el Reino de Dios no viene con señales espectaculares, porque «está entre vosotros» o «dentro de vosotros» (Lucas 17:21), su lenguaje recuerda a la Presencia que habita en medio del pueblo. Las dos traducciones son posibles, y las dos dicen algo verdadero: el Reino está en el interior de cada persona y en el espacio que se crea entre ellas. Este versículo es tan importante que tiene un artículo propio: «el Reino de Dios está dentro de vosotros», el significado de Lucas 17:21.
La Shejiná en la Cábala: una lectura posterior
Siglos después de Jesús, los cabalistas medievales hicieron de la Shejiná uno de los pilares de su visión espiritual. En el Zóhar y en los autores posteriores, la Shejiná se identifica con Maljut, «Reino», la décima Sefirá del Árbol de la Vida: la dimensión de Dios más cercana al mundo, la que recibe la luz de las esferas superiores y la transmite a la creación. Su carácter femenino se desarrolla con imágenes de reina, novia y madre. Y su exilio se convierte en símbolo del sufrimiento del mundo, que espera la reunificación de lo divino.
Muchos judíos piadosos rezan todavía, antes de cumplir un mandamiento, una breve fórmula de origen cabalístico que expresa el deseo de unir al Santo, bendito sea, con su Shejiná. Es una interpretación tardía, que debe presentarse como tal, pero ofrece una clave preciosa para meditar el Padre Nuestro: «venga tu Reino», es decir, que Maljut, la Presencia, se manifieste plenamente. Esta lectura se desarrolla en el Padre Nuestro a la luz del Árbol de la Vida, y el marco general está en la guía sobre Jesús y la Cábala.
La Shejiná en el exilio: un Dios que no abandona
De todas las enseñanzas sobre la Shejiná, ninguna ha consolado tanto al pueblo judío a lo largo de su historia como la del exilio. Tras la destrucción del Templo en el año 70, cuando Jerusalén quedó en ruinas y miles de judíos fueron dispersados por el mundo, los sabios se preguntaron dónde estaba Dios. Su respuesta fue audaz: Dios estaba con ellos, desterrado con ellos, sufriendo con ellos. El Talmud llega a decir que, cuando Israel regrese, también la Shejiná «regresará» con él, como quien vuelve a casa después de un largo viaje compartido.
Esta idea tiene una fuerza espiritual inmensa para cualquier persona que haya atravesado una pérdida, una enfermedad, una ruptura o una soledad profunda. El dolor no es la prueba de que Dios se ha ido, sino a menudo el lugar donde está más cerca. Yeshúa vivió esta convicción hasta el final. En Getsemaní, en la noche más oscura, no huyó del sufrimiento: oró dentro de él, llamando a Dios Abba. Ese momento se explora con delicadeza en Getsemaní y la oración de la entrega. Quien conoce la Shejiná del exilio comprende mejor por qué tantas personas han encontrado consuelo en esa escena.
Cómo acoger la Shejiná en la vida diaria
La tradición judía y las enseñanzas de Yeshúa coinciden en algo esencial: la Presencia de Dios no se fabrica, se acoge. Pero sí podemos preparar el lugar. Estas son algunas prácticas sencillas que nacen de los textos que hemos visto.
- Estudia acompañado. Busca a alguien con quien leer y comentar un pasaje de la Escritura, aunque sea una vez por semana. Los sabios y Yeshúa coinciden: en ese «entre» se hace presente lo divino.
- Visita a un enfermo. Hazlo con respeto, sin prisa, consciente de que, según la tradición, la Presencia está en esa habitación antes que tú.
- Prepara tu mesa. Una comida compartida con calma, con una bendición sencilla al principio, puede convertirse en un pequeño santuario. Yeshúa reveló mucho de sí mismo alrededor de una mesa.
- Haz espacio con humildad. La soberbia ocupa todo; la humildad deja sitio. Antes de dormir, revisa en qué momento del día has dejado espacio a otros y en cuál lo has ocupado todo.
- Guarda un tiempo sagrado. El Shabat es, según la tradición, un santuario en el tiempo. Un día, o al menos unas horas, sin prisa ni producción, abren la puerta a la Presencia. Lo explicamos en el Shabat como descanso del alma.
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Para entender cómo vivía la Presencia de Dios un judío del siglo I, y por qué las palabras de Yeshúa sonaban tan familiares a sus oyentes, es muy recomendable leer el libro de Mario Sabán sobre las raíces judías de Jesús. Su análisis de las fuentes rabínicas ayuda a reconocer la Shejiná en muchos pasajes del evangelio.
La Shejiná ocupa un lugar central en la Cábala como última de las Sefirot, y quien desee comprender esa dimensión encontrará una base sólida en Sod 32, la introducción de Sabán a los secretos de la tradición mística judía. Para ir a la fuente, nada como el Sefer Yetzirá, uno de los textos fundacionales de la mística hebrea, que describe la creación mediante las letras y los números y que los cabalistas leyeron como un mapa de la Presencia en el mundo.
Preguntas frecuentes sobre la Shejiná
¿Qué es la Shejiná?
Es la Presencia de Dios que habita entre los seres humanos. El término procede del hebreo shakán, «habitar», y se usa en los Targumim y en la literatura rabínica para hablar de la cercanía de Dios a su pueblo.
¿Aparece la palabra Shejiná en la Biblia?
No como sustantivo. La Biblia usa el verbo «habitar» y la imagen de la nube de gloria, pero la palabra Shejiná aparece después, en las traducciones arameas de la Biblia y en los escritos de los sabios.
¿Qué relación tiene la Shejiná con Jesús?
Las enseñanzas de Jesús tienen ecos muy claros de esta idea: su promesa de estar en medio de dos o tres reunidos, su identificación con los más pequeños, la nube luminosa de la Transfiguración y la imagen de la «tienda» en el prólogo de Juan.
¿Por qué se dice que la Shejiná es femenina?
La palabra tiene género gramatical femenino en hebreo. La Cábala medieval desarrolló esta característica y asoció la Shejiná con Maljut, la décima Sefirá, describiéndola con imágenes de reina, novia y madre.
¿Dónde habita la Shejiná según la tradición judía?
Los sabios enseñan que reposa entre quienes estudian juntos, en la oración comunitaria, junto a la cama del enfermo, con los humildes, en un hogar donde reina el respeto y con el pueblo en el exilio.
¿Qué diferencia hay entre Shejiná y Espíritu Santo?
Son conceptos cercanos pero distintos. La Shejiná designa la Presencia de Dios que habita en un lugar o entre personas; la Rúaj ha-Kódesh, el Espíritu de santidad, es el soplo divino que inspira y transforma. Lo explicamos en el artículo sobre la Rúaj ha-Kódesh en el judaísmo.
Conclusión: un Dios que pone su tienda junto a la nuestra
La Shejiná es una de las ideas más tiernas que ha dado la espiritualidad judía. Habla de un Dios que no se conforma con habitar en los cielos, que pone su tienda junto a la de su pueblo, que se exilia con él, que se sienta en la cabecera del enfermo y que busca a los humildes. Yeshúa creció escuchando esta palabra en la sinagoga, y su vida entera parece un comentario a ella: en la mesa con los excluidos, en el niño puesto en medio, en el leproso tocado, en la promesa de estar presente donde dos o tres se reúnen.
Quizá por eso sus palabras siguen tocando hoy tantos corazones: porque recuerdan que Dios no está lejos. Está en el espacio que se abre cuando alguien escucha a otro, comparte su pan o visita a quien sufre. Para seguir recorriendo este camino, vuelve a la guía sobre Jesús y la mística judía de su tiempo, o descubre cómo la Presencia se manifestó en una montaña de Galilea en el artículo sobre la Transfiguración.
Fuentes
Fuentes primarias
- Biblia hebrea: Éxodo 25:8 y 40:34-35; 1 Reyes 8:10-11; Isaías 57:15; Ezequiel 10 y 43.
- Evangelios: Mateo 17:5, 18:2-5, 18:20 y 25:31-46; Lucas 17:20-21; Juan 1:14.
- Targum Onkelos sobre Éxodo 25:8.
- Misná, Pirké Avot 3:2 y 3:6.
- Talmud de Babilonia: Berajot 6a; Shabat 12b; Meguilá 29a; Sotá 5a y 17a.
- Zóhar.
Estudios
- Gershom Scholem, La Cábala y su simbolismo (capítulo sobre la Shejiná).
- Ephraim E. Urbach, The Sages: Their Concepts and Beliefs.
- Abraham Joshua Heschel, El Shabat.
- Daniel Boyarin, The Jewish Gospels.
- Mario Javier Sabán, El judaísmo de Jesús.