El Espíritu Santo y la Rúaj ha-Kódesh en el judaísmo

La primera vez que la Biblia habla del espíritu de Dios no lo hace en un templo ni en una visión, sino sobre el agua oscura del principio: «el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas» (Génesis 1:2). En hebreo, la palabra es rúaj, que significa a la vez viento, aliento y espíritu. Siglos más tarde, la tradición judía llamaría Rúaj ha-Kódesh, «el Espíritu de santidad», a ese soplo divino que inspiraba a profetas y sabios. Y cuando Yeshúa de Nazaret abrió el rollo en la sinagoga de su pueblo, lo primero que leyó fue: «El Espíritu del Señor está sobre mí» (Lucas 4:18). Antes de ser una doctrina cristiana, el Espíritu Santo fue una experiencia profundamente judía.

Piensa en una tarde de viento en las colinas de Galilea. El aire sacude los olivos, mueve las espigas de trigo, empuja las barcas en el lago y hace temblar las llamas de las lámparas en las casas. Nadie lo ve, pero todos sienten su fuerza. Así hablaban del espíritu los judíos de la época de Yeshúa: como algo invisible y real, imposible de atrapar, que sopla donde quiere. Cuando el maestro dijo a Nicodemo una noche que «el viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va», jugaba con esa misma palabra que significa viento y espíritu a la vez.

Lo que pocos lectores saben es que la tradición judía conserva una escalera espiritual que termina precisamente en el Espíritu de santidad. La Misná atribuye a Rabí Pinjás ben Yaír una enseñanza en la que cada virtud conduce a la siguiente: el cuidado lleva a la limpieza, la limpieza a la pureza, la pureza a la separación del mal, la separación a la santidad, la santidad a la humildad, la humildad al temor del pecado, el temor del pecado a la piedad, y la piedad conduce al Espíritu de santidad (Sotá 9:15). La humildad está en el centro mismo del camino. No es casual que el maestro que leyó «el Espíritu del Señor está sobre mí» fuera también el que dijo «aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón».

Respuesta breve

La Rúaj ha-Kódesh, «Espíritu de santidad», es en el judaísmo el soplo divino que inspira a los profetas, comunica sabiduría y santifica a quien lo recibe. La palabra rúaj significa viento, aliento y espíritu. La Biblia hebrea habla del «santo espíritu» de Dios (Salmo 51 e Isaías 63), los textos de Qumrán mencionan un espíritu de santidad que purifica, y los sabios enseñaron que se alcanza mediante una escalera de virtudes. Jesús vivió en esta tradición: el Espíritu desciende sobre él en el bautismo, lo conduce al desierto y él mismo lo anuncia en la sinagoga de Nazaret.

Rúaj: viento, aliento y espíritu

Para comprender la Rúaj ha-Kódesh hay que empezar por la palabra rúaj. En hebreo no existe la separación que hacemos en español entre «viento», «respiración» y «espíritu»: los tres son la misma palabra. Cuando el Génesis dice que la rúaj de Dios se movía sobre las aguas, se puede entender como un viento poderoso, como el aliento de Dios o como su espíritu creador. Probablemente, todo a la vez.

Esa riqueza de sentidos atraviesa toda la Escritura. Dios forma al ser humano del polvo y sopla en su nariz aliento de vida (Génesis 2:7). Un viento del este divide las aguas del mar Rojo (Éxodo 14:21). Y en la visión de los huesos secos, Ezequiel profetiza al espíritu para que sople sobre los muertos y vivan (Ezequiel 37:9-10): el viento, el aliento y el espíritu se confunden en una sola fuerza de resurrección. El griego de los evangelios hereda esta ambigüedad con la palabra pneuma, que también significa viento y espíritu.

El «santo espíritu» en la Biblia hebrea

La expresión exacta «santo espíritu» aparece muy pocas veces en la Biblia hebrea, pero en pasajes de gran intensidad. En el Salmo 51, la oración de arrepentimiento atribuida a David, el orante suplica: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo espíritu» (Salmo 51:10-11). El espíritu santo aparece unido al corazón limpio y a la cercanía de Dios. El profeta Isaías, por su parte, recuerda que el pueblo «contristó su santo espíritu» en el desierto (Isaías 63:10).

Además, la Biblia describe muchas veces cómo el espíritu de Dios desciende sobre personas concretas para capacitarlas: sobre los jueces, para liberar al pueblo; sobre los artesanos del tabernáculo, para darles sabiduría en su oficio; sobre los profetas, para que hablen en nombre de Dios. Moisés expresa un deseo audaz cuando le cuentan que dos hombres profetizan en el campamento: «Ojalá todo el pueblo del Señor fuese profeta, y que el Señor pusiera su espíritu sobre ellos» (Números 11:29). Siglos después, el profeta Joel anuncia que ese deseo se cumplirá: «Derramaré mi espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas» (Joel 2:28).

Un corazón nuevo y un espíritu nuevo

Entre todas las promesas proféticas sobre el espíritu, una de las más bellas es la de Ezequiel: «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi espíritu» (Ezequiel 36:26-27). El espíritu de Dios ya no se limita a descender sobre algunos elegidos para una misión: se convierte en un principio interior que transforma el corazón de todo el pueblo. Esta promesa es la raíz judía de la idea de un nuevo nacimiento interior, que Yeshúa desarrollará en su conversación nocturna con Nicodemo.

El espíritu de sabiduría

En los últimos siglos antes de Jesús, los judíos de habla griega, sobre todo en Alejandría, unieron el espíritu santo con la sabiduría divina. El libro de la Sabiduría, escrito probablemente en el siglo I a. C., describe la sabiduría como un espíritu inteligente, santo, único, sutil, que todo lo penetra, «un efluvio del poder de Dios» y «un reflejo de la luz eterna» (Sabiduría 7:22-26). Y el orante pregunta: «¿Quién conocerá tu consejo, si tú no le das sabiduría y envías de lo alto tu santo espíritu?» (Sabiduría 9:17). Para estos autores, el espíritu santo es la luz interior que permite comprender los caminos de Dios. Esa misma intuición se percibe en las enseñanzas de Yeshúa sobre la luz interior, que exploramos en «vosotros sois la luz del mundo».

El espíritu sobre el Mesías

Hay dos textos de Isaías que resultan esenciales para entender a Yeshúa. En el primero, el profeta anuncia que de la raíz de Isaí, el padre de David, saldrá un retoño sobre el que reposará el espíritu del Señor: «espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor» (Isaías 11:2). En el segundo, el ungido proclama: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió el Señor; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos» (Isaías 61:1). Este es el texto que Yeshúa eligió leer en Nazaret, y al terminar dijo: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros» (Lucas 4:21). Es una declaración llena de esperanza mesiánica.

El espíritu de santidad en Qumrán

Los manuscritos del mar Muerto muestran que, en tiempos de Jesús, el espíritu de santidad era una realidad central para algunos grupos judíos. La Regla de la comunidad enseña que el ser humano es purificado de sus pecados «por el espíritu de santidad» y que Dios, al final de los tiempos, rociará sobre él un espíritu de verdad «como agua de purificación» (1QS 3-4). Los Himnos de acción de gracias repiten una y otra vez expresiones como: «me has agraciado con tu espíritu santo». El espíritu se asocia con el agua, con la limpieza interior y con el conocimiento de Dios.

Esta asociación entre agua y espíritu ilumina el bautismo de Juan en el Jordán y el diálogo de Yeshúa con Nicodemo sobre «nacer del agua y del Espíritu» (Juan 3:5). Puedes profundizar en este tema en nacer de nuevo: el diálogo místico con Nicodemo y en del mikvé esenio al bautismo.

La Rúaj ha-Kódesh en la tradición rabínica

Los sabios del Talmud y del midrash hablaron mucho de la Rúaj ha-Kódesh. Para ellos, era ante todo el espíritu de la profecía: los libros de la Biblia, decían, fueron escritos «con Rúaj ha-Kódesh». También enseñaron que, tras la muerte de los últimos profetas, este espíritu se había retirado de Israel, aunque Dios seguía hablando mediante la bat kol, la voz del cielo, que estudiamos en el artículo sobre la bat kol y el bautismo de Jesús.

Pero los sabios no pensaban que el espíritu estuviera cerrado para siempre. La escalera de Rabí Pinjás ben Yaír muestra que podía alcanzarse mediante un camino de purificación interior. Siglos después, en el siglo XVIII, el cabalista Moshé Jaim Luzzatto escribió sobre esta escalera uno de los libros de ética espiritual más leídos del judaísmo, Mesilat Yesharim («El sendero de los justos»), que recorre cada peldaño con una profundidad admirable.

El espíritu reposa sobre la alegría

Otra enseñanza preciosa del Talmud afirma que la Presencia divina no reposa sobre la tristeza, la pereza o la frivolidad, sino sobre la alegría de cumplir la voluntad de Dios (Shabat 30b). Como prueba, cita al profeta Eliseo, que antes de profetizar pidió un músico, y «mientras el tañedor tocaba, la mano del Señor vino sobre él» (2 Reyes 3:15). La música, la alegría y la paz interior abren el corazón al espíritu. Es una idea que encaja muy bien con el clima de los evangelios, donde el Reino se compara con un banquete de bodas.

El Espíritu en la vida de Yeshúa

Los evangelios presentan toda la misión de Yeshúa bajo la acción del Espíritu. Leídos desde la tradición judía, estos pasajes se iluminan de forma nueva.

  • En el bautismo, el Espíritu desciende sobre él como paloma, mientras se oye la voz del cielo (Marcos 1:10). La imagen de la paloma sobre el agua recuerda el espíritu que aleteaba sobre las aguas de la creación, como explicamos en la paloma, símbolo del Espíritu.
  • En el desierto, el Espíritu lo «impulsa» a retirarse durante cuarenta días (Marcos 1:12). El mismo soplo que lo unge lo conduce a la soledad y a la prueba. Lo desarrollamos en los cuarenta días en el desierto.
  • En Nazaret, proclama que el Espíritu del Señor está sobre él para anunciar buenas noticias a los pobres (Lucas 4:18).
  • En las sanaciones, afirma que expulsa los demonios «por el Espíritu de Dios», como señal de que el Reino ha llegado (Mateo 12:28).
  • En la oración, enseña que el Padre dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan (Lucas 11:13). No es un privilegio de unos pocos, sino un don para todo el que lo busca.
  • Al final, según el Evangelio de Juan, sopla sobre sus discípulos y les dice: «Recibid el Espíritu Santo» (Juan 20:22). El gesto evoca el aliento que Dios sopló en Adán en el Génesis.

Siglos después, la tradición cristiana desarrolló su propia teología sobre el Espíritu Santo. Este artículo no entra en esas discusiones, sino que se centra en las raíces judías que Yeshúa y sus primeros discípulos compartían: un espíritu que es viento, aliento y presencia santificadora de Dios.

Rúaj ha-Kódesh y Shejiná: semejanzas y diferencias

A menudo se confunden la Rúaj ha-Kódesh y la Shejiná, porque ambas expresan la cercanía de Dios. Pero no son lo mismo. La Shejiná es la Presencia que habita, que reposa en un lugar o entre personas; es más estable, más ligada al espacio. La Rúaj ha-Kódesh es el soplo que mueve, inspira y transforma; es más dinámica, más ligada a la palabra y a la acción. Podría decirse que la Shejiná es Dios que se queda y la Rúaj ha-Kódesh es Dios que impulsa. Las dos se encuentran en las enseñanzas de Yeshúa, y la primera se desarrolla en la Shejiná y la presencia divina.

La rúaj en la Cábala: un nivel del alma

En la Cábala medieval, la palabra rúaj adquirió además un sentido psicológico y espiritual. El Zóhar distingue tres niveles principales del alma humana: néfesh, el alma vital ligada al cuerpo; rúaj, el espíritu, sede de las emociones y la vida moral; y neshamá, el alma superior, abierta a lo divino. Cada nivel se despierta y se purifica con el crecimiento espiritual. Es una lectura posterior, pero ofrece una lente fecunda para meditar las palabras de Yeshúa sobre el espíritu y la carne, o sobre «nacer del Espíritu». Si quieres explorar este plano interpretativo, empieza por la guía sobre la Cábala y las enseñanzas de Jesús.

Una práctica con la respiración

Como en hebreo «espíritu» y «aliento» son la misma palabra, la respiración puede convertirse en una puerta sencilla de oración. No es una técnica exótica, sino una manera de recordar con el cuerpo que vivimos del soplo de Dios. Puedes hacerlo así:

  1. Siéntate en silencio y lee Génesis 2:7: Dios sopla en el ser humano aliento de vida.
  2. Respira despacio durante unos minutos, sin forzar. Al inspirar, recuerda que el aire que entra es un regalo que no fabricas tú.
  3. Al espirar, entrega lo que te pesa: una preocupación, un rencor, un miedo.
  4. Termina con la súplica del Salmo 51: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí».

La tradición judía no busca experiencias extraordinarias, sino un corazón limpio, humilde y alegre, porque ahí es donde el espíritu encuentra su lugar. Si quieres cultivar esa actitud, te ayudará el artículo sobre la humildad como práctica espiritual.

Lecturas recomendadas

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Para comprender cómo entendía un judío del siglo I el espíritu de Dios, y por qué la lectura de Isaías en Nazaret resultó tan impactante, merece la pena leer El judaísmo de Jesús de Mario Sabán, centrado en las raíces hebreas del maestro. Una de las obras más preciosas de este maestro judío del presente siglo.

La Cábala desarrolló una rica doctrina sobre los niveles del alma y el soplo divino. Sod 32, del mismo autor, es una buena puerta de entrada a ese pensamiento. Y para conocer cómo la mística judía antigua imaginó la creación a partir del aliento y la palabra de Dios, nada mejor que leer el Sefer Yetzirá, que habla del espíritu del Dios vivo como origen de todo. Sin duda ejemplares que todo lector profundo y amante de la espiritualidad judía y de Yeshúa debe consultar alguna vez.

Preguntas frecuentes sobre la Rúaj ha-Kódesh

¿Qué significa Rúaj ha-Kódesh?

Significa «Espíritu de santidad» o «Espíritu Santo» en hebreo. Designa el soplo divino que inspira a los profetas, comunica sabiduría y santifica a quien lo recibe.

¿Existe el Espíritu Santo en el judaísmo?

Sí. La Biblia hebrea habla del «santo espíritu» de Dios (Salmo 51 e Isaías 63), los textos de Qumrán mencionan un espíritu de santidad y la tradición rabínica habla con frecuencia de la Rúaj ha-Kódesh como espíritu de profecía. El judaísmo, sin embargo, no lo entiende como una persona divina, a diferencia de la teología cristiana posterior.

¿Qué significa rúaj?

La palabra hebrea rúaj significa a la vez viento, aliento y espíritu. Esta riqueza de sentidos se refleja en pasajes como Génesis 1:2, Ezequiel 37 y en el diálogo de Jesús con Nicodemo.

¿Cómo se alcanza la Rúaj ha-Kódesh según los sabios?

La Misná (Sotá 9:15) describe una escalera de virtudes: cuidado, limpieza, pureza, separación del mal, santidad, humildad, temor del pecado y piedad, que conducen finalmente al Espíritu de santidad.

¿Qué relación tiene Jesús con el Espíritu Santo?

Los evangelios presentan su misión bajo la acción del Espíritu: desciende sobre él en el bautismo, lo conduce al desierto, y Jesús proclama en Nazaret, leyendo a Isaías, que el Espíritu del Señor está sobre él.

¿Es lo mismo la Shejiná que el Espíritu Santo?

No. Son conceptos cercanos, pero la Shejiná es la Presencia de Dios que habita en un lugar o entre personas, mientras que la Rúaj ha-Kódesh es el soplo divino que inspira, mueve y transforma.

Conclusión: el viento que sopla donde quiere

La Rúaj ha-Kódesh es el hilo invisible que une la creación del mundo con la misión de Yeshúa. Es el viento que aleteaba sobre las aguas del principio, el aliento que dio vida a Adán, el soplo que levantó los huesos secos de Ezequiel, el espíritu que reposaría sobre el retoño de Isaí. Es también el espíritu de santidad que los orantes de Qumrán sentían purificarlos, y el que los sabios veían al final de una escalera de humildad y alegría. Yeshúa vivió en esa corriente: ungido por el Espíritu en el Jordán, conducido por él al desierto, proclamándolo en Nazaret.

El Espíritu sigue soplando donde quiere. No se deja encerrar en fórmulas, pero encuentra siempre su lugar en un corazón limpio, humilde y alegre. Para seguir recorriendo este camino, vuelve a la guía de la mística judía en tiempos de Jesús o regresa a la puerta de entrada, el camino interior del maestro de Galilea.

Fuentes

Fuentes primarias

  • Biblia hebrea: Génesis 1:2 y 2:7; Éxodo 14:21; Números 11:29; 2 Reyes 3:15; Salmo 51:10-11; Isaías 11:2, 61:1 y 63:10; Ezequiel 36:26-27 y 37; Joel 2:28; Sabiduría 7:22-26 y 9:17.
  • Evangelios: Mateo 11:29 y 12:28; Marcos 1:10-12; Lucas 4:16-21 y 11:13; Juan 3:5-8 y 20:22.
  • Manuscritos del mar Muerto: Regla de la comunidad (1QS 3-4) y Hodayot.
  • Misná, Sotá 9:15; Talmud de Babilonia, Shabat 30b y Yomá 9b.
  • Zóhar; Moshé Jaim Luzzatto, Mesilat Yesharim.

Estudios

  • Ephraim E. Urbach, The Sages: Their Concepts and Beliefs.
  • John R. Levison, Filled with the Spirit.
  • Abraham Joshua Heschel, Los profetas.
  • Mario Javier Sabán, El judaísmo de Jesús.

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