La acusación de magia en Egipto contra Jesús

Hacia el año 178, un filósofo griego llamado Celso escribió un libro contra los cristianos titulado El discurso verdadero. El libro original se ha perdido, pero conocemos gran parte de su contenido porque, unos setenta años después, el teólogo cristiano Orígenes de Alejandría lo refutó punto por punto en una obra extensa, Contra Celso, citando literalmente muchos de sus argumentos. Y entre ellos hay uno sorprendente. Celso afirmaba que Jesús, siendo pobre, había ido a trabajar como jornalero a Egipto, y que allí había aprendido ciertos poderes mágicos de los que los egipcios se enorgullecían; que después había vuelto a su país, orgulloso de esos poderes, y por ellos se había proclamado Dios (Contra Celso 1.28 y 1.38). Es la versión más antigua que conservamos de una acusación que acompañaría a Jesús durante siglos: la de haber aprendido magia en Egipto. Una acusación que, paradójicamente, confirma algo que ni sus adversarios negaban: que hacía cosas que asombraban a la gente.

Imagina Alejandría en el siglo I. Es la segunda ciudad del Imperio romano, un puerto inmenso donde se cruzan comerciantes, filósofos, sacerdotes y viajeros de todo el mundo conocido. Su famoso faro guía a los barcos, su biblioteca guarda cientos de miles de rollos, y en sus calles conviven templos de Isis y Serapis, sinagogas judías, escuelas de filosofía griega. Egipto tiene fama, en todo el Mediterráneo, de ser la tierra de la magia por excelencia. Desde los tiempos del faraón, cuando los magos de la corte competían con Moisés convirtiendo sus varas en serpientes, Egipto es el país de los encantamientos, los amuletos, los conjuros, los libros secretos de los sacerdotes. En los mercados se venden papiros con fórmulas mágicas para curar enfermedades, atraer el amor o proteger de los malos espíritus. Para un griego o un romano, decir que alguien había aprendido sus poderes en Egipto era casi lo mismo que llamarlo mago.

Y aquí está el detalle que hace comprensible el origen de la acusación. El Evangelio de Mateo cuenta que, cuando Yeshúa era un niño pequeño, José recibió en sueños la orden de huir a Egipto con María y el niño, porque Herodes buscaba matarlo. Y permanecieron allí hasta la muerte de Herodes (Mateo 2:13-15). Mateo ve en este episodio el cumplimiento de una profecía de Oseas: «De Egipto llamé a mi Hijo» (Oseas 11:1), que originalmente hablaba de Israel saliendo de Egipto en el Éxodo. Para el evangelista, Yeshúa revive la historia de su pueblo. Pero para un polemista como Celso, la estancia en Egipto ofrecía otra explicación de sus milagros: la magia. Un mismo dato, dos lecturas opuestas. Este artículo examina esa acusación con serenidad, con respeto hacia todas las tradiciones implicadas, y con lo que sabemos de la historia.

Respuesta breve

La acusación de magia en Egipto contra Jesús es una polémica antigua según la cual Jesús habría aprendido artes mágicas en Egipto y sus milagros se explicarían por la magia. Su raíz está en la huida de la sagrada familia a Egipto narrada en Mateo 2:13-15 y en la fama de Egipto como tierra de la magia. Ya en los evangelios, algunos adversarios acusaron a Jesús de expulsar demonios «por Beelzebú» (Marcos 3:22). En el siglo II, el filósofo pagano Celso afirmó que había aprendido magia en Egipto (Orígenes, Contra Celso 1.28). Algunos textos rabínicos posteriores contienen alusiones polémicas cuya identificación con Jesús es debatida. No hay pruebas históricas de que Jesús practicara magia; los evangelios presentan sus curaciones como fruto de la oración y la compasión, en la línea de los piadosos judíos de Galilea.

La huida a Egipto en el Evangelio de Mateo

El relato de la huida a Egipto aparece solo en el Evangelio de Mateo. Después de la visita de los magos de Oriente, un ángel se aparece en sueños a José y le dice: «Levántate, y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo» (Mateo 2:13). José obedece y se marcha de noche. Herodes, furioso, ordena matar a todos los niños menores de dos años de Belén. Y cuando Herodes muere, el ángel vuelve a aparecerse a José y le dice que regrese a la tierra de Israel. La familia se establece en Nazaret (Mateo 2:19-23).

Egipto era un refugio natural para los judíos perseguidos. Había allí una gran comunidad judía, especialmente en Alejandría, donde según Filón vivían cientos de miles de judíos. Desde los tiempos de Jeremías, que fue llevado a Egipto después de la destrucción de Jerusalén (Jeremías 43), los judíos habían buscado asilo allí. Y el relato de Mateo tiene profundas resonancias bíblicas: como el patriarca José, que fue llevado a Egipto y salvó a su familia, como Israel, que bajó a Egipto y salió de allí con Moisés, Yeshúa baja a Egipto y sale de allí. Herodes, que mata a los niños, recuerda al faraón que mandó matar a los niños hebreos (Éxodo 1:22).

Los historiadores debaten la historicidad de este relato, que solo aparece en Mateo. Pero, sea cual sea su origen, no dice nada de magia. Mateo presenta la estancia en Egipto como un breve exilio de un niño pequeño, no como un periodo de formación.

La primera acusación: Beelzebú

La acusación de magia contra Jesús no comenzó con Celso. Ya aparece en los propios evangelios, en boca de sus adversarios. Marcos cuenta que unos escribas que habían venido de Jerusalén decían que Yeshúa «tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios» (Marcos 3:22). Beelzebú era un nombre para el príncipe de los demonios. La acusación era grave: no negaban que Yeshúa hiciera curaciones y exorcismos, sino que atribuían su poder a fuerzas malignas.

Yeshúa respondió con un argumento sencillo: «¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer» (Marcos 3:23-24). Y en Mateo añade: «Si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios» (Mateo 12:28). Su poder no venía de la magia ni de los demonios, sino del Espíritu de Dios y de la llegada del Reino. Este episodio es muy importante para los historiadores, porque muestra que incluso los adversarios de Jesús reconocían que hacía curaciones extraordinarias. La discusión era sobre el origen de su poder.

Celso y la acusación de magia en Egipto

Como hemos visto, el filósofo pagano Celso desarrolló esta acusación en el siglo II, conectándola con Egipto. Según Celso, Jesús era hijo de una mujer pobre, había trabajado como jornalero en Egipto, había aprendido allí artes mágicas, y al volver se había hecho pasar por Dios gracias a esos poderes. Celso comparaba los milagros de Jesús con los trucos de los magos egipcios que, en los mercados, por unas monedas, expulsaban demonios, curaban enfermedades o hacían aparecer banquetes ilusorios (Contra Celso 1.68).

Orígenes respondió a Celso con varios argumentos. Señaló que los magos no buscan transformar moralmente a las personas, mientras que Jesús llamaba a la conversión del corazón, a la justicia y al amor. Señaló que la magia busca el beneficio propio, mientras que Jesús lo dio todo, incluida su vida. Y señaló que los discípulos de Jesús estuvieron dispuestos a morir por su fe, algo que no harían por un simple mago (Contra Celso 1.38 y 2.49-51). El debate entre Celso y Orígenes es uno de los primeros grandes diálogos entre el pensamiento pagano y el cristiano.

Las alusiones en textos rabínicos

Algunos textos de la literatura rabínica, compilados siglos después de Jesús, contienen alusiones polémicas a un personaje llamado Yeshu o a un tal ben Stada, que habría traído magia de Egipto. El Talmud de Babilonia menciona a un ben Stada que «trajo hechicerías de Egipto en una incisión de su carne» (Shabat 104b). Y en otro pasaje, una tradición antigua dice que un tal Yeshu fue ejecutado en la víspera de la Pascua porque había practicado la hechicería y había apartado a Israel (Sanedrín 43a).

Estos textos deben leerse con mucho cuidado. En primer lugar, la identificación de estos personajes con Jesús de Nazaret es debatida entre los especialistas: el Talmud mismo discute quién era ben Stada y lo sitúa en épocas distintas, y algunos estudiosos piensan que se trata de figuras diferentes que la tradición posterior fusionó. En segundo lugar, son textos tardíos, compilados entre los siglos III y VI, que no se basan en información independiente sobre el Jesús histórico, sino que reflejan las polémicas entre judíos y cristianos de esa época. En tercer lugar, hay que recordar el contexto: en esos siglos, las comunidades judías sufrían a menudo la presión y la hostilidad de un cristianismo cada vez más poderoso, y estos textos son en parte una respuesta a esa situación.

Por todas estas razones, los historiadores no consideran estos pasajes como fuentes fiables sobre la vida de Jesús. El estudioso Peter Schäfer, en su libro Jesús en el Talmud, los analiza como testimonios de la polémica entre judíos y cristianos en la Antigüedad tardía, no como recuerdos históricos.

Una advertencia necesaria

Es importante hablar de estos textos con responsabilidad. Durante siglos, en la Edad Media, algunos cristianos usaron estos pasajes del Talmud como pretexto para perseguir a los judíos, quemar el Talmud y acusar a todo el pueblo judío de odio contra Jesús. Esas persecuciones fueron una injusticia terrible, que causó un sufrimiento inmenso. Hoy sabemos que estos textos son una pequeña parte de una literatura inmensa, que reflejan polémicas de una época determinada, y que no representan al judaísmo en su conjunto.

Del mismo modo que el cristianismo ha producido textos polémicos contra el judaísmo a lo largo de su historia, el judaísmo produjo algunos textos polémicos contra el cristianismo. Lo importante es leerlos en su contexto, sin usarlos para alimentar la hostilidad. En este blog, que busca precisamente devolver a Jesús a su raíz judía, consideramos que el diálogo respetuoso entre judíos y cristianos es uno de los grandes caminos de nuestro tiempo.

Las Toledot Yeshu

En la Edad Media circuló entre algunas comunidades judías un texto polémico llamado Toledot Yeshu, «la historia de Yeshu», que ofrecía una versión burlesca de la vida de Jesús. Según este texto, Jesús habría robado el Nombre secreto de Dios del Templo y lo habría usado para hacer milagros. Es un texto popular, con muchas versiones distintas, que circuló de forma clandestina, a menudo en tiempos de persecución, y que no tiene valor histórico. Refleja, como los pasajes del Talmud, la tensión entre las comunidades judías y cristianas en la Edad Media.

Los papiros mágicos griegos

Hay un dato curioso que muestra cómo se veía a Jesús en el mundo antiguo. Entre los llamados papiros mágicos griegos, una colección de textos de magia de los siglos II al V encontrados en Egipto, hay varias fórmulas que invocan el nombre de Jesús. Por ejemplo, una fórmula de exorcismo dice: «Te conjuro por el dios de los hebreos, Jesús» (Papiros mágicos griegos IV, 3019-3020). Es decir, algunos magos egipcios usaban el nombre de Jesús en sus conjuros, como usaban los nombres de otros dioses y figuras poderosas.

El libro de los Hechos cuenta algo parecido: unos exorcistas judíos ambulantes, los siete hijos de un tal Esceva, intentaron usar el nombre de Jesús para expulsar demonios, diciendo: «Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo». Y el espíritu malo les respondió: «A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?», y los atacó (Hechos 19:13-16). Este relato muestra que la diferencia entre la fe y la magia era una preocupación de las primeras comunidades: el nombre de Jesús no era una fórmula mágica que funcionara automáticamente.

Jesús el mago: una teoría moderna sobre la magia en Egipto

En 1978, el historiador estadounidense Morton Smith publicó un libro provocador titulado Jesús el mago, en el que sostenía que Jesús había sido, en realidad, un mago en el sentido antiguo de la palabra, y que los evangelios habían intentado ocultar este aspecto de su vida. Como otras teorías modernas, entre ellas la del viaje a la India, buscaba una explicación exótica para la figura de Jesús. Smith comparaba los milagros de Jesús con las prácticas descritas en los papiros mágicos griegos y señalaba algunas semejanzas, como el uso de la saliva para curar o las palabras en lenguas extrañas.

El libro de Smith generó mucho debate, pero la mayoría de los especialistas no aceptó su tesis. Muchos señalaron que la categoría de «mago» era en la Antigüedad sobre todo una etiqueta polémica, que se usaba para desacreditar a los adversarios, y que no describe bien la actividad de Jesús. Además, la credibilidad de Smith quedó afectada por otra polémica: la del llamado «Evangelio secreto de Marcos», un texto que él afirmó haber descubierto en un monasterio en 1958 y que muchos especialistas consideran hoy una posible falsificación.

Magia en Egipto y oración en Galilea: una distinción judía

¿Qué diferencia hay entre la magia y los milagros en el contexto judío? La Torá prohíbe expresamente la magia y la adivinación: «No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos» (Deuteronomio 18:10-11). La magia era considerada un intento de manipular las fuerzas sobrenaturales para el propio beneficio, al margen de Dios o incluso contra él.

La oración, en cambio, es una súplica humilde a Dios, que deja en sus manos la respuesta. Los hombres santos de Galilea, como Joní el que traza círculos o Rabí Janina ben Dosa, eran famosos por la eficacia de su oración, no por técnicas mágicas. Cuando Janina oraba por un enfermo, no recitaba fórmulas secretas, sino que pedía a Dios su curación, y decía: «Si mi oración fluye en mi boca, sé que es aceptada» (Talmud, Berajot 34b). La diferencia está en la actitud: el mago pretende controlar; el piadoso suplica y confía. Lo exploramos en la sanación en la tradición judía.

Cómo curaba Jesús según los evangelios

Si leemos con atención los relatos de curación de los evangelios, vemos que Jesús actuaba de una manera muy distinta a la de los magos de la época. No usaba amuletos, ni conjuros largos, ni nombres secretos de dioses, ni rituales complicados. Hablaba con autoridad, a menudo con una sola palabra: «Quiero, sé limpio» (Marcos 1:41), «Levántate» (Marcos 2:11), «Efatá», que significa «ábrete» (Marcos 7:34). Tocaba a los enfermos con compasión. Y sobre todo, oraba: antes de resucitar a Lázaro, levantó los ojos al cielo y dijo: «Padre, gracias te doy por haberme oído» (Juan 11:41).

Además, Jesús relacionaba la curación con la fe de la persona: «Tu fe te ha salvado» (Marcos 5:34; 10:52). Y a menudo pedía que no se divulgaran sus curaciones, al contrario que los magos, que buscaban la fama y el dinero. No cobraba por curar, en coherencia con la humildad que enseñaba. Y sus curaciones tenían un sentido: eran signos de la llegada del Reino de Dios, del perdón, de la reintegración en la comunidad de los excluidos. Todo ello lo sitúa en la línea de los profetas como Elías y Eliseo y de los piadosos de Galilea, no de los magos de Egipto. Lo explicamos en cómo oraba Jesús y en la compasión como camino espiritual.

El uso de la saliva y la tierra

Algunos autores, como Morton Smith, han señalado que en algunos relatos Jesús usa saliva para curar, como al ciego de Betsaida (Marcos 8:23) o al ciego de nacimiento, para quien hace barro con saliva y tierra (Juan 9:6). Y es cierto que la saliva se usaba en la medicina y en la magia antiguas. Pero también aparece en la medicina popular judía: el Talmud menciona el uso de la saliva para curar los ojos (Talmud de Jerusalén, Shabat 14:4). Además, ese gesto ocurrió en sábado, lo que provocó una discusión sobre el sentido del día santo, que exploramos en el Shabat, descanso del alma. Y el gesto de hacer barro con tierra puede evocar la creación del ser humano en el Génesis, cuando Dios formó al hombre del polvo de la tierra (Génesis 2:7). El gesto, más que mágico, sería simbólico: una nueva creación.

Una lectura mística: el Nombre y el poder

La tradición mística judía posterior desarrolló una reflexión sobre el poder de los nombres divinos. Algunos círculos de la mística de la Merkavá y de la Cábala práctica creían que el conocimiento de los nombres secretos de Dios podía tener efectos en el mundo. Es esta creencia la que aparece, de forma polémica, en las Toledot Yeshu, que acusan a Jesús de haber usado el Nombre. Pero los grandes cabalistas siempre advirtieron contra el uso práctico de estos conocimientos, considerándolo peligroso y casi prohibido. Para ellos, la meditación en los nombres divinos debía llevar a la unión con Dios, no al poder sobre las cosas.

Esta distinción entre mística y magia es la misma que separa la oración de Jesús de las acusaciones de sus adversarios. Lo exploramos en el nombre Yeshúa en la tradición cabalística y en la guía sobre Jesús y la Cábala.

Lecturas recomendadas

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Para comprender la diferencia entre los piadosos de Galilea y los magos del mundo antiguo, y situar a Yeshúa en su contexto judío, te recomiendo El judaísmo de Jesús, donde Mario Sabán explica la oración y las curaciones de su tiempo.

Si te interesa la distinción entre la mística y la magia en la tradición judía, Sod 32 te ofrece una introducción seria a la Cábala contemplativa. Y el Sefer Yetzirá, a menudo malinterpretado como libro mágico, es en realidad un texto de meditación sobre la creación que merece leerse con rigor.

Preguntas frecuentes sobre la acusación de magia en Egipto

¿Aprendió Jesús magia en Egipto?

No hay pruebas históricas. Es una acusación polémica del filósofo pagano Celso en el siglo II, basada en la huida a Egipto de Mateo 2 y en la fama de Egipto como tierra de magia.

¿Por qué Jesús fue a Egipto?

Según Mateo 2:13-15, su familia huyó a Egipto cuando era niño para escapar de Herodes, y volvió tras la muerte de este. Mateo lo relaciona con Oseas 11:1: «De Egipto llamé a mi Hijo».

¿Qué es la acusación de Beelzebú?

En los evangelios, algunos escribas acusaron a Jesús de expulsar demonios por el poder de Beelzebú, el príncipe de los demonios (Marcos 3:22). Jesús respondió que actuaba por el Espíritu de Dios.

¿Habla el Talmud de Jesús como mago?

Algunos pasajes polémicos mencionan a figuras como ben Stada o Yeshu en relación con la hechicería. Su identificación con Jesús es debatida, son textos tardíos y reflejan polémicas entre judíos y cristianos, no información histórica.

¿Qué diferencia hay entre magia y milagro?

En la tradición judía, la magia intenta manipular fuerzas sobrenaturales para el propio beneficio y está prohibida por la Torá. La oración es una súplica humilde a Dios que deja en sus manos la respuesta.

¿Cómo curaba Jesús según los evangelios?

Con palabras breves, el toque compasivo y la oración al Padre, relacionando la curación con la fe y el Reino de Dios, sin amuletos ni conjuros, y sin cobrar por ello.

Conclusión: entre la acusación y la oración

La acusación de que Jesús aprendió magia en Egipto es tan antigua como el cristianismo. Comenzó en vida de Jesús, cuando algunos adversarios atribuyeron su poder a Beelzebú. Se desarrolló en el siglo II con Celso, que conectó sus milagros con la fama mágica de Egipto. Y resonó en algunos textos polémicos posteriores, que deben leerse con cuidado y en su contexto. Pero ninguna de estas acusaciones se apoya en información histórica independiente, y todas confirman, paradójicamente, que Yeshúa hacía cosas que asombraban a quienes lo rodeaban.

Los evangelios presentan sus curaciones no como magia, sino como oración, compasión y signo del Reino de Dios, en la línea de los profetas y de los piadosos de Galilea. Para seguir este camino, vuelve a la guía de mitos, apócrifos y verdades, conoce la verdadera infancia y juventud de Jesús en los años perdidos de Jesús, o examina el último de los textos de este silo en el Evangelio de Judas y los gnósticos.

Fuentes

Fuentes primarias

  • Biblia hebrea: Génesis 2:7; Éxodo 1:22 y 7:8-13; Deuteronomio 18:10-11; Jeremías 43; Oseas 11:1.
  • Evangelios: Mateo 2:13-23 y 12:28; Marcos 1:41, 2:11, 3:22-27, 5:34, 7:34, 8:23 y 10:52; Juan 9:6 y 11:41.
  • Hechos 19:13-16.
  • Orígenes, Contra Celso 1.28, 1.38, 1.68 y 2.49-51.
  • Talmud de Babilonia: Shabat 104b; Sanedrín 43a; Berajot 34b.
  • Talmud de Jerusalén, Shabat 14:4.
  • Papiros mágicos griegos IV, 3019-3020.
  • Toledot Yeshu.

Estudios

  • Peter Schäfer, Jesús en el Talmud.
  • Morton Smith, Jesús el mago.
  • Geza Vermes, Jesús el judío.
  • Graham H. Twelftree, Jesus the Miracle Worker.
  • Mario Javier Sabán, El judaísmo de Jesús.

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