Jésed y Guevurá: misericordia y justicia en las enseñanzas de Jesús

El Talmud se atreve a hacer una pregunta asombrosa: ¿reza Dios? Y responde que sí. Rabí Yojanán enseñaba, en nombre de Rabí Yosé, que Dios también ora, y que su oración dice así: «Sea mi voluntad que mi misericordia venza a mi ira, y que mi misericordia se sobreponga a mis otros atributos, y que trate a mis hijos con la medida de la misericordia, y que me detenga ante ellos más allá de la línea estricta de la justicia» (Berajot 7a). Un Dios que pide que su compasión sea más fuerte que su rigor. Esta tensión entre amor y justicia, que los cabalistas llamaron Jésed y Guevurá, misericordia y rigor, atraviesa toda la tradición judía y late en el corazón de las enseñanzas de Yeshúa de Nazaret.

Imagina un día cualquiera en la vida del maestro de Galilea. Por la mañana, se sienta a la mesa de un recaudador de impuestos al que todos desprecian, y lo trata con una ternura que escandaliza. A mediodía, toca a un leproso que nadie se atrevía a rozar. Por la tarde, en el Templo, vuelca las mesas de los cambistas con una fuerza que asusta. Y por la noche, ante los que juzgan duramente a los demás mientras ocultan sus propias faltas, pronuncia palabras severas como un profeta. Misericordia y firmeza, ternura y fuego, en un mismo día y en un mismo corazón. No es una contradicción: es el equilibrio que la tradición judía llevaba siglos buscando.

Hay un detalle en el evangelio de Juan que conmueve cuando se lee con oídos hebreos. Dice que en Yeshúa vieron una gloria «llena de gracia y de verdad» (Juan 1:14). Esa expresión es el eco exacto de la revelación de Dios a Moisés en el Sinaí, cuando proclamó su nombre como el de un Dios «grande en misericordia y verdad», en hebreo rav jésed ve-emet (Éxodo 34:6). En la Cábala, jésed es la Sefirá de la misericordia, y emet, la verdad, es el nombre de Tiféret, la Sefirá del centro que armoniza misericordia y rigor. El evangelista, sin conocer la Cábala, describió al maestro con las dos palabras que los cabalistas pondrían siglos después en el corazón del Árbol de la Vida.

Respuesta breve

Jésed y Guevurá son dos Sefirot del Árbol de la Vida en la Cábala: Jésed es la misericordia, el amor que se da sin medida, y Guevurá es el rigor, la fuerza y el límite. La tradición judía antigua ya hablaba de dos «medidas» de Dios, la misericordia y la justicia, y enseñaba que el mundo solo puede sostenerse con ambas, aunque la misericordia debe prevalecer. Las enseñanzas de Jesús reflejan este equilibrio: invitan a ser misericordiosos como el Padre, a no juzgar y a perdonar, pero también denuncian con firmeza la hipocresía y la injusticia. En la Cábala, ese equilibrio se llama Tiféret, armonía y verdad.

Las dos medidas de Dios en la tradición judía

Mucho antes de la Cábala, los sabios judíos desarrollaron una idea fundamental: Dios actúa con dos «medidas» o atributos, la midat ha-rajamim, la medida de la misericordia, y la midat ha-din, la medida de la justicia o del juicio. Incluso relacionaron cada medida con un nombre divino: el nombre de cuatro letras, YHVH, expresaría la misericordia, y el nombre Elohim, la justicia.

El midrash encontró en el relato de la creación una prueba hermosa de esta idea. En el primer capítulo del Génesis, Dios se llama solo Elohim. Pero en el segundo aparece el nombre doble: «YHVH Elohim». ¿Por qué? El midrash responde con una parábola. Un rey tenía unas copas muy delicadas. Pensó: si les echo agua caliente, se agrietarán; si les echo agua fría, se romperán. Así que mezcló agua caliente y fría, y las copas resistieron. Del mismo modo, Dios dijo: si creo el mundo solo con la medida de la misericordia, el pecado se multiplicará; si lo creo solo con la medida de la justicia, el mundo no podrá subsistir. Lo crearé con ambas, y ojalá se sostenga (Bereshit Rabá 12:15).

Esta parábola encierra una sabiduría profunda sobre la vida humana. Un amor sin límites destruye, porque lo permite todo. Una justicia sin amor también destruye, porque no deja espacio al error y al cambio. Solo la mezcla de ambas sostiene la fragilidad de las cosas, como el agua templada que no rompe las copas.

Jésed, Guevurá y Tiféret en el Árbol de la Vida

Los cabalistas medievales recogieron esta antigua enseñanza y la situaron en el centro del Árbol de la Vida. A la derecha colocaron Jésed, la Misericordia o Bondad amorosa; a la izquierda, Guevurá, la Fuerza o Rigor, también llamada Din, Juicio; y en el centro, entre ambas, Tiféret, la Belleza o Armonía, también llamada Emet, Verdad, y Rajamim, Compasión.

  • Jésed es el impulso de dar, de expandirse, de amar sin condiciones. Se asocia con el agua, que fluye y se derrama, y con el patriarca Abraham, que abría su tienda a todos los viajeros.
  • Guevurá es el impulso de contener, de limitar, de discernir. Se asocia con el fuego, que purifica y quema, y con Isaac, cuyo Dios es llamado en el Génesis «el Temor de Isaac» (Génesis 31:42).
  • Tiféret es la síntesis: la compasión que es a la vez amorosa y justa. Se asocia con Jacob, de quien el profeta dice: «Mostrarás a Jacob la verdad, y a Abraham la misericordia» (Miqueas 7:20).

En la Cábala, ninguna de estas fuerzas es mala en sí misma. El mal aparece cuando una se separa de la otra: una misericordia sin límites que se vuelve complicidad, o un rigor sin amor que se vuelve crueldad. El ideal es el equilibrio de Tiféret. Si quieres conocer el Árbol completo, lo encontrarás explicado en la guía sobre Jesús y la Cábala, y recorrido sefirá a sefirá en las Bienaventuranzas y las Sefirot.

Hillel y Shamai: dos escuelas, dos medidas

En la época de Yeshúa, la tensión entre misericordia y rigor tenía rostros concretos: las dos grandes escuelas de sabios fariseos, la de Hillel y la de Shamai. El Talmud cuenta que un pagano se presentó ante Shamai y le pidió que le enseñara toda la Torá mientras se sostenía sobre un pie. Shamai lo echó con la regla de medir que tenía en la mano. El mismo hombre fue a Hillel, que lo aceptó y le dijo: «Lo que te resulta odioso, no se lo hagas a tu prójimo. Esta es toda la Torá; el resto es comentario. Ve y apréndelo» (Shabat 31a).

Hillel era conocido por su paciencia y su bondad; Shamai, por su rigor. Los cabalistas posteriores asociaron a Hillel con Jésed y a Shamai con Guevurá. Y es difícil no oír en la regla de oro de Hillel el eco de la de Yeshúa: «Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la Ley y los Profetas» (Mateo 7:12). En muchos debates de su tiempo, Yeshúa se muestra cercano al espíritu de Hillel, aunque en otros, como el del divorcio, adopta una postura más exigente, cercana a la de Shamai. Ni blando ni duro: fiel a la verdad.

Jésed en las enseñanzas de Yeshúa

La misericordia es, sin duda, la nota dominante del mensaje de Yeshúa. Pero lo interesante es que la expresa con un lenguaje profundamente judío.

«Sed misericordiosos como vuestro Padre»

«Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso» (Lucas 6:36). Esta frase tiene un paralelo sorprendente en el llamado Targum Pseudo-Jonatán, una traducción aramea de la Torá, que comenta Levítico 22:28 con estas palabras: «Pueblo mío, hijos de Israel, así como nuestro Padre es misericordioso en el cielo, sed vosotros misericordiosos en la tierra». La idea de imitar la misericordia de Dios, la imitatio Dei, es central en el judaísmo: los sabios enseñaban que, igual que Dios viste al desnudo, visita al enfermo y consuela al afligido, así debemos hacerlo nosotros (Sotá 14a).

«Con la medida con que medís»

«No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido» (Mateo 7:1-2). Esta enseñanza coincide casi palabra por palabra con un principio de la Misná: «con la medida con que una persona mide, con ella se le mide» (Sotá 1:7), conocido como midá kenégued midá, «medida por medida». Pero Yeshúa le da un giro de misericordia: si quieres ser tratado con Jésed, vive en Jésed. Juzgar a los demás con dureza es elegir para uno mismo la medida del rigor.

El perdón sin medida

Cuando Pedro pregunta si debe perdonar hasta siete veces, Yeshúa responde: «No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete» (Mateo 18:22). Es Jésed en su forma más pura: un amor que no lleva la cuenta. Este tema tiene su propio artículo en el perdón como práctica espiritual: «setenta veces siete».

El sol que sale sobre buenos y malos

Quizá la imagen más radical de Jésed en el evangelio sea esta: el Padre «hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos» (Mateo 5:45). La misericordia de Dios no espera a que la merezcamos; sigue sosteniendo la vida incluso de quien le ofende. En el siglo XVI, el cabalista Moisés Cordovero escribió en Safed un pequeño libro de ética mística, Tomer Devorá («La palmera de Débora»), que invita a imitar los trece atributos de misericordia que el profeta Miqueas atribuye a Dios (Miqueas 7:18-20). El primero de ellos le inspira una reflexión conmovedora: en el mismo instante en que una persona usa sus fuerzas para hacer el mal, es Dios quien le está dando la vida y el aliento para moverse, y no se los retira. Así, dice Cordovero, debe ser el ser humano: seguir haciendo el bien incluso a quien le ofende.

Es exactamente la lógica del amor a los enemigos que Yeshúa enseña en ese mismo pasaje del sermón del monte: «amad a vuestros enemigos… para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5:44-45). Jésed no es sentimentalismo: es la decisión de seguir dando vida. Esta enseñanza es una de las más exigentes de todo el evangelio, y la exploramos en el contexto de las demás palabras del maestro en la guía de las enseñanzas místicas de Jesús.

Guevurá en las enseñanzas de Yeshúa

Sería un error imaginar a Yeshúa solo como un maestro dulce y complaciente. Los evangelios muestran también su Guevurá: su fuerza, su firmeza, su capacidad de decir «no».

La purificación del Templo

En Jerusalén, al ver el atrio del Templo convertido en mercado, Yeshúa hace un látigo de cuerdas, echa a los vendedores y vuelca las mesas de los cambistas, diciendo: «Mi casa será llamada casa de oración» (Marcos 11:15-17, citando Isaías 56:7). Es un gesto profético, en la línea de Jeremías, que denunció siglos antes que el Templo se había convertido en «cueva de ladrones». La Guevurá de Yeshúa no es violencia contra las personas, sino celo por lo sagrado.

Las palabras contra la hipocresía

Los evangelios recogen también palabras muy duras de Yeshúa contra quienes cargan a los demás con fardos pesados que ellos no tocan ni con un dedo, o contra quienes cuidan las apariencias y descuidan «lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe» (Mateo 23:23). Conviene leer estas palabras como lo que son: una crítica profética desde dentro del judaísmo, semejante a la de Amós o Isaías, y semejante también a la que el propio Talmud dirige contra los hipócritas de su tiempo. No es una condena de un pueblo, sino de una actitud que puede darse en cualquier tradición, incluida la propia.

La fuerza de quien se domina

Hay una Guevurá más honda que la de volcar mesas. La Misná pregunta: «¿Quién es fuerte (guibor)? El que domina su inclinación» (Pirké Avot 4:1). La palabra guibor procede de la misma raíz que Guevurá. La mayor fuerza de Yeshúa se manifestó en Getsemaní, cuando dominó su propio miedo y dijo: «no lo que yo quiero, sino lo que tú». Y en su silencio ante los acusadores, cuando habría podido defenderse. Esa fuerza interior se contempla en Getsemaní, la oración de la entrega.

Tiféret: la armonía de gracia y verdad

Si Jésed y Guevurá son las dos columnas, Tiféret es el centro que las une. En la vida de Yeshúa, ese equilibrio aparece en muchas escenas, pero quizá ninguna lo muestra tan bien como el relato de la mujer sorprendida en adulterio, conservado en el Evangelio de Juan (8:1-11), aunque no figura en los manuscritos más antiguos. Los acusadores representan el rigor sin misericordia: quieren aplicar la ley sin piedad. Yeshúa no niega la gravedad de lo ocurrido, pero desarma el juicio con una frase: «El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra». Cuando todos se van, le dice a la mujer: «Ni yo te condeno; vete, y no peques más».

En esas dos frases finales está Tiféret: «ni yo te condeno» es Jésed; «no peques más» es Guevurá. Misericordia que no niega la verdad, verdad que no destruye a la persona. Es la gracia y la verdad de las que hablaba el prólogo de Juan, el jésed ve-emet del Sinaí. Este equilibrio también aparece en la parábola del hijo pródigo, que analizamos con los cuatro niveles de lectura en PaRDeS y las parábolas de Jesús.

Que la misericordia venza al rigor

Volvamos a la oración de Dios en el Talmud: «que mi misericordia venza a mi ira». La tradición judía no pone las dos medidas al mismo nivel. La misericordia tiene la última palabra. La Torá misma lo sugiere: Dios castiga «hasta la tercera y cuarta generación», pero muestra misericordia «a millares» (Éxodo 20:5-6). La proporción es abrumadora.

La liturgia judía de las fiestas del otoño expresa esta prioridad con una imagen preciosa. Un antiguo midrash cuenta que, en Rosh Hashaná, Dios se sienta en el trono del juicio; pero cuando su pueblo toca el shofar, el cuerno de carnero, Dios se levanta del trono del juicio y se sienta en el trono de la misericordia (Vayikrá Rabá 29:3). El sonido humilde de un cuerno basta para que el Juez se convierta en Padre. Es la misma confianza que expresa la oración de Dios en el Talmud: el rigor existe, pero está siempre dispuesto a ceder ante la misericordia.

Yeshúa vivió exactamente esta prioridad. Su rigor fue siempre al servicio de la misericordia: denunciaba la hipocresía porque oprimía a los pequeños, purificaba el Templo para que fuera casa de oración para todos. Y en la cruz, según Lucas, su última palabra sobre quienes lo mataban fue: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34). La misericordia venció. La relación entre esta compasión y la vida espiritual cotidiana se desarrolla en la compasión como camino espiritual.

Una práctica: el equilibrio en tres respiraciones

Te propongo un ejercicio muy sencillo para los momentos en que alguien te ofende, te decepciona o te pone a prueba. Antes de reaccionar, haz tres respiraciones conscientes:

  1. Primera respiración, Jésed: pregúntate qué necesita esta persona. ¿Qué dolor, qué miedo, qué carencia hay detrás de lo que ha hecho?
  2. Segunda respiración, Guevurá: pregúntate qué límite es necesario. ¿Qué no debe permitirse, por el bien de ambos o de otros?
  3. Tercera respiración, Tiféret: busca la respuesta que une las dos. ¿Cómo puedo decir la verdad con amor y amar sin renunciar a la verdad?

No siempre lo conseguirás, pero cada intento es un pequeño paso hacia ese corazón armonioso que la Cábala sitúa en el centro del Árbol y que los evangelios vieron en el maestro de Galilea. Si quieres cultivar la humildad que hace posible este equilibrio, te ayudará la humildad: «el que se humilla será enaltecido».

Lecturas recomendadas

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La relación entre Jésed, Guevurá y Tiféret es uno de los pilares de la Cábala, y quien desee comprenderla con rigor puede acudir a Sod 32, el libro de Mario Sabán sobre la estructura del Árbol y sus senderos, escrito con fidelidad a las fuentes hebreas.

Para situar las enseñanzas de Yeshúa sobre la misericordia y el juicio en el contexto de los debates entre Hillel y Shamai, resulta muy útil El judaísmo de Jesús, del mismo autor. Y como complemento, la lectura de el Sefer Yetzirá, que habla de los opuestos y su equilibrio en la creación, ofrece una perspectiva antigua y fascinante.

Preguntas frecuentes sobre Jésed y Guevurá

¿Qué significan Jésed y Guevurá?

Jésed significa «misericordia» o «bondad amorosa», y Guevurá, «fuerza» o «rigor». En la Cábala son dos Sefirot del Árbol de la Vida, situadas a derecha e izquierda, que representan el amor que se da y el límite que contiene.

¿Qué es Tiféret?

Es la Sefirá central del Árbol de la Vida, que armoniza Jésed y Guevurá. Se llama también Belleza, Verdad y Compasión, y se asocia con el patriarca Jacob.

¿Qué son las medidas de misericordia y de justicia?

Son los dos atributos con los que, según los sabios, Dios gobierna el mundo: la midat ha-rajamim y la midat ha-din. El midrash enseña que el mundo fue creado con ambas, porque con una sola no habría podido subsistir.

¿Era Jesús misericordioso o severo?

Ambas cosas, en equilibrio. Predicó la misericordia, el perdón sin medida y el no juzgar, pero también denunció con firmeza la hipocresía y purificó el Templo. Su rigor estuvo siempre al servicio de la misericordia.

¿Qué significa «medida por medida»?

Es el principio de la Misná según el cual «con la medida con que una persona mide, con ella se le mide» (Sotá 1:7). Jesús lo retoma en Mateo 7:2 para enseñar a no juzgar con dureza.

¿Qué relación hay entre Hillel y Jésed?

Hillel, sabio fariseo de la época de Jesús, era famoso por su paciencia y bondad, mientras que Shamai lo era por su rigor. La Cábala posterior asoció a Hillel con Jésed y a Shamai con Guevurá.

Conclusión: agua templada para las copas frágiles

La parábola del rey y las copas delicadas resume de forma perfecta lo que la tradición judía y las enseñanzas de Yeshúa nos dicen sobre la misericordia y la justicia. Somos frágiles, como esas copas. El agua demasiado caliente de una indulgencia sin límites nos agrieta; el agua demasiado fría de un juicio sin piedad nos rompe. Solo el agua templada, la mezcla de Jésed y Guevurá, nos permite resistir y crecer. Y en esa mezcla, la misericordia tiene la última palabra, como pide el propio Dios en su oración.

Yeshúa vivió ese equilibrio con una intensidad que todavía conmueve: lleno de gracia y de verdad, tierno con los heridos y firme con los opresores, capaz de decir a la vez «ni yo te condeno» y «no peques más». Para seguir este camino, vuelve a la guía de Jesús y la Cábala, o descubre cómo la misericordia repara el mundo en el Reino de los cielos y el Tikún Olam.

Fuentes

Fuentes primarias

  • Biblia hebrea: Génesis 1-2 y 31:42; Éxodo 20:5-6 y 34:6; Isaías 56:7; Jeremías 7:11; Miqueas 7:18-20.
  • Evangelios: Mateo 5:44-45, 7:1-2, 7:12, 18:22 y 23:23; Marcos 11:15-17 y 14:36; Lucas 6:36 y 23:34; Juan 1:14 y 8:1-11.
  • Misná: Sotá 1:7; Pirké Avot 4:1.
  • Talmud de Babilonia: Berajot 7a; Shabat 31a; Sotá 14a.
  • Bereshit Rabá 12:15; Vayikrá Rabá 29:3; Targum Pseudo-Jonatán sobre Levítico 22:28.
  • Zóhar; Moisés Cordovero, Tomer Devorá («La palmera de Débora»).

Estudios

  • Ephraim E. Urbach, The Sages: Their Concepts and Beliefs (capítulo sobre las medidas divinas).
  • Gershom Scholem, La Cábala y su simbolismo.
  • David Flusser, Jesús en sus palabras y en su tiempo.
  • Mario Javier Sabán, Sod 32: el secreto.

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